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martes, 27 de febrero de 2018

La cocinera de Himmler

Incluso si la Historia nos dice lo contrario, hay que creer en el futuro a pesar del pasado
y en Dios a pesar de sus ausencias.
Si no la vida no valdría la pena de ser vivida (...)

Estas últimas navidades tuve la ocasión de visitar la exposición sobre Auschwitz del Centro de Exposiciones Arte Canal de Madrid, un recorrido por el mayor símbolo del Holocausto judío que, si no habéis hecho ya, estáis tardando en realizar porque están agotando las entradas todos los días y sólo dura hasta el próximo mes de junio. Se ponen las tripas del revés, sí. Se eriza la piel y no se pueden contener las lágrimas. Pero se trata de una muestra más que recomendable para hacerse una mínima idea de hasta dónde llegó el horror creado por la política antisemita nazi en su macabro intento de solucionar la, llamada, “cuestión judía”. (Es gratuito para todos los grupos escolares de primaria, secundaria y bachillerato, así que no entenderé que ningún chaval en edad de entender haga este curso una excursión a la fábrica de Cuétara o al Corte Inglés ¿?).
El caso es que la exposición desemboca en la consabida tienda de recuerdos, conformada en esta ocasión por un totum revolutum de libros en el que, además de aquellos más directamente relacionados con el día a día del que fuera el mayor campo de exterminio de todo el continente europeo, también puedes encontrar las desventuras (reales o noveladas) de ciudadanos judíos en la Alemania nazi, libros didácticos sobre la cultura judía o novelas que simplemente tienen como telón de fondo la Segunda Guerra Mundial. De esta manera, allí puede se pueden comprar ‘Si esto es un hombre’ de Primo Levi y 'La bailarina de Auschwitz' de Edith Eger. También el 'Diario de Anna Frank, ‘El niño del pijama de rayas’ de John Boyne o ‘La ladrona de libros’ de Markus Zusak. Pero un mes después sigo dándole vueltas a qué coño pinta ‘El tiempo entre costuras’ de María Dueñas, por ejemplo, dentro de esa selección. En fin.

En medio de esa variopinta oferta llamó mi atención ‘La cocinera de Himmler’ (Alfaguara. 2014), “la hilarante epopeya de una cocinera centenaria que ha sobrevivido a las barbaries del siglo XX sin perder el humor, el deseo de sexo y el afán de venganza” según la información que consta en la contraportada de este Best Seller de Franz-Olivier Giesbert (Delaware. 1949). Pero ya os avanzo que la historia que mi imaginación construyó en mi cabeza a partir de esas breves líneas era bastante más atractiva que la que en realidad se esconde entre las páginas de esta novela que ni hilarante ni epopeya ni nada de nada.

El epicentro de la historia es Rose, una peculiar ancianita quien, tras recibir por carta la esquela de una, a priori, desconocida finada, decide escribir sus memorias en lo que también es un recorrido por parte de la historia del siglo XX. Así, conocemos las peripecias de Rose desde que, con tan solo 7 años, se queda sola en el mundo tras el asesinato de toda su familia, víctima del genocidio armenio a mano de los turcos, hasta su historia de amor con un dirigente de la China comunista, pasando por su extraña dependencia con el líder de las SS y responsable de la creación de los campos de exterminio, Heinrich Himmler.

Al margen de lo que el título de la novela pueda sugerir, la relación de la protagonista con Himmler es uno más de los numerosos capítulos de su vida, episodios en los que el autor no acaba de profundizar, algo que, unido a la falta de otros personajes secundarios que puedan ganar más peso en la trama cuando la historia de Rose pierde fuerza, hace que el argumento decaiga mucho antes de llegar a la mitad del libro.

Ni hay tanto sexo, ni tanto humor ni tanta venganza. Tres o cuatro encuentros carnales con personas diferentes (que para una señora que ha vivido más de cien años pues, sinceramente, me parece una auténtica miseria, pese a que se quiera hacer hincapié en que uno de ellos sea lésbico o que a sus cien años se siga fijando en jovencitos para dar a entender un cierto libertinaje del personaje), otros tantos asesinatos y un tono levemente sarcástico en algunos momentos que, desde luego, queda muy lejos del humor y, no te digo, de la hilaridad.

Pero es que tampoco hay tanta historia, ni en minúscula ni en mayúscula, porque una vez revelada la verdadera identidad de la finada a la que hace referencia la esquela recibida, no se explica quién se la hace llegar a Rose, por lo que la chispa que origina el caudal de recuerdos de la protagonista queda sin cerrar. Me molestan muchísimo los cabos sueltos en las historias, sobre todo cuando tienen fácil solución, como en este caso, que bastaba cambiar la recepción de la carta por la lectura de la esquela en el periódico si finalmente el remitente de la carta no iba a tener relevancia alguna.

Por no mencionar la insistente necesidad de meter con calzador a Jean-Paul Sartre y a Simone de Beauvoir en diferentes momentos de la trama, que me ha resultado bastante pedante, la verdad. Así que a pesar de su prometedor comienzo, y de una protagonista y de un siglo a los que se podía haber sacado muchísimo más partido, no me queda otra que suspender esta novela llena de altibajos que no me ha terminado de enganchar.

lunes, 29 de enero de 2018

Los pacientes del doctor García


El último domingo del 47 fui al encuentro de una mujer que conocía mi verdadera identidad.
Amparo sabía que yo no me llamaba Rafael Cuesta Sánchez, sino Guillermo García Medina. 
Y que era médico, aunque no tuviera título oficial y trabajara en una agencia de transportes.
Lo que ignoraba era que había ido a buscarla para ayudar a Manuel Arroyo Benítez, 
un amigo mío que había suplantado la identidad de Adrián Gallardo Ortega para infiltrarse
en una organización de prófugos nazis y emigrar a la Argentina como uno de ellos.
Mientras tanto, el verdadero Adrián Gallardo mendigaba en Berlín, y cuando le paraba una patrulla enseñaba la documentación de un hombre llamado Alfonso Navarro López.
Mi historia es la historia de tres impostores.

Pocos planes podían haberme apetecido más que el club de lectura con Almudena Grandes (Madrid, 1960) organizado por una librería de Alcorcón este pasado fin de semana. Un encuentro del que me enteré por pura casualidad mientras buscaba información que corroborara mis impresiones sobre su última novela y al que decidí sumarme a pesar de que los organizadores me avisaron de que el evento había superado todas sus previsiones y de que el aforo estaba más que completo. (Afortunadamente para mí, no sólo conseguí entrar, sino que pude plantearle algunas cuestiones relativas al proceso creativo de sus novelas, amén de irme de allí con su firma y una foto con ella ya que, como dice mi amiga Laura, no dejo de ser una grouppie. Literaria pero grouppie al fin y al cabo).

'Los pacientes del doctor García' (Tusquets. 2017) es la historia de una amistad, la de Guillermo y Manolo, "dos amigos que tienen la costumbre de salvarse la vida mutuamente durante toda su vida". Un médico y un diplomático republicano que se ven obligados a adoptar identidades falsas para infiltrarse en la red de evasión de criminales de guerra nazis que dirigía desde Madrid la mano derecha de Pilar Primo de Rivera y responsable de propaganda de la Sección Femenina de Falange, Clara Stauffer.

Con esta nueva entrega de sus Episodios de una guerra interminable, la novelista vuelve a sumergirnos en los veinticinco primeros años de la dictadura de Franco desde el punto de vista de los resistentes, de los españoles que dijeron que no al régimen impuesto a partir del 1 de abril del 39 y lucharon con cualquiera de las armas a su alcance (disidencia política, lucha armada, vía diplomática...) para dar respuesta a la desmemoria, "a la memoria no resuelta, a las preguntas que no podemos responder sobre las historias que nuestros abuelos ya no nos pueden contar".

Concretamente, con el último volumen de la serie, su autora pretende reivindicar el papel de la burguesía republicana, el de la clase progresista española que creó la Institución Libre de Enseñanza, que fundó las misiones pedagógicas y que redactó la Constitución del 31 gracias a la que nuestro país alcanzó un progreso que no ha vuelto a conocer, pero "que ha sido eliminada del relato para legitimar el argumento de los golpistas de que no se podía dejar el país en manos de esa gente".

Como ya hiciera con la invasión del Valle de Arán en 'Inés y la Alegría' (Tusquets. 2012), la escritora vuelve a valerse de un hecho histórico desconocido para sacarle los colores a la versión oficial del Franquismo, a ese relato edulcorado reescrito por los herederos del régimen durante la Transición. En este caso, la base real sobre la que se sustenta la novela es la existencia en Madrid de la mayor organización clandestina de evasión de criminales nazis que, gracias a los contactos de la ciudadana española de ascendencia alemana Clara Stauffer y a la connivencia del régimen, suministraba documentación falsa a los prófugos de la justicia internacional con la que pudieron empezar una nueva vida en España o huir a Argentina.

'Los pacientes del doctor García' pone en evidencia el ninguneo diplomático al que los aliados, capitaneados por Estados Unidos, sometieron a nuestro país y sobre todo al gobierno legítimo de Negrín, y resulta desgarradoramente conmovedor leer la amarga reflexión de uno de los personales principales cuando es consciente de que la causa republicana, a la que ha dedicado su vida, sacrificando su proyecto personal y jugándose literalmente el pellejo, ha sido despreciada definitivamente por la comunidad internacional y que la ansiada intervención aliada en España no llegará jamás a producirse, porque "a las democracias occidentales les gustó más Franco que los demócratas españoles, que fueron los grandes perdedores de la Guerra Fría".

Estamos sin duda ante la novela más ambiciosa de Almudena Grandes, no sólo por sus cerca de 800 páginas, porque el intervalo de años que abarca es el más amplio de las entregas publicadas hasta la fecha (desde 1936 hasta 1977) ni por la cantidad de escenarios en los que transcurre la trama (Madrid, el frente de Leningrado, un campo de concentración en Estonia, el Berlín nazi o la Argentina de Perón, son sólo algunos de ellos).

'Los pacientes del doctor García' es una novela de enorme complejidad que exige un esfuerzo constante por parte del lector para no perderse: El hecho de que gran parte de los personajes tengan dos y hasta tres identidades diferentes (en ocasiones compartidas con otros personajes) demanda un plus de concentración para poder seguir el hilo, haciendo de esta historia una propuesta no apta para el común de los lectores. Aunque la escritora afirma que ha tratado de tener muy presentes a los lectores a la hora de escribirla y proclama que sus lectores son muy listos, confieso que yo he tenido ciertas dificultades para identificar a algunos de los alemanes en momentos muy precisos de la acción. Este es el principal "pero" de la novela (aunque ya os digo que ha sido algo muy puntual).

El segundo es que la novela parece no coger vuelo hasta pasado el ecuador del libro, cuando las diferentes historias personales reflejadas hasta ese momento empiezan a encajar unas con otras y comienzas a entender a dónde te diriges. Pero la sucesión de historias a priori inconexas unas con otras que son las primeras cuatrocientas primeras páginas, por muy primorosamente narradas que estén (que lo están), puede hacer desistir a más de un lector.

El tercer (y último) "pero" es completamente personal. Y es que, a pesar de que, como en todos los 'Episodios' los protagonistas son gente corriente, "héroes por casualidad y sin vocación de serlo", por la propia naturaleza de una trama de espionaje y las implicaciones diplomáticas de la historia, es la novela en la que menos peso tiene la vida cotidiana de los ciudadanos de a pie de la España de posguerra, que, en mi caso concreto, es la parte que más me interesa.

Sin embargo, el hecho de que sea la novela más internacional de la serie y la que mayor periodo temporal abarca ha permitido a la novelista utilizar un recurso que a mí me ha encantado, estableciendo conexiones con los anteriores 'Episodios' y con sus protagonistas. Así Pepe el Portugués, Manolita o la propia Inés "hacen cameos" en diferentes momentos de la novela. Un simpático guiño de la autora con los seguidores de la saga, que recibimos estas apariciones estelares con la misma alegre emoción que sientes al encontrarte en el Metro a un paisano del pueblo de la Alcarria Conquense en el que pasas los veranos.

En definitiva, un notable para esta novela que, sin ser mi favorita de las publicadas hasta ahora, no defrauda a los admiradores de la literatura de Almudena Grandes y del titánico proyecto en el que se halla inmersa (del que ya sólo quedan por ver la luz dos títulos más), pero que no estoy muy segura de que sea el mejor acercamiento para los lectores que no hayan probado a leer nada suyo.

* Todos los entrecomillados del texto están extraídos del encuentro con Almudena Grandes que tuvo lugar el pasado viernes 26 de enero de 2018 en la librería Fábula de Alcorcón.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Diferentes puntos de vista sobre la Guerra Civil


Este verano han pasado por mis manos un montón de libros, todos ambientados en la Guerra Civil y la posguerra. Sin embargo ninguno me ha encantado especialmente. No sé si verdaderamente ninguna de estas obras destaca sobre el resto o estoy tan hastiada ya de leer sobre ese periodo que no reconozco una buena novela cuando la tengo entre manos (aunque ya les advierto que no todos los títulos de esta entrada son novelas). Me encuentro ahora mismo en un proceso de "desintoxicación" que no sé cuánto me durará, pero que me hace mucha falta antes de volver a adentrarme en esos años con las ganas de antaño. 

El caso es que como me veía completamente incapaz de escribir seis reseñas medianamente entretenidas hablando prácticamente de lo mismo, y puesto que todos estos libros tienen algo que les hace diferente al resto, he decidido juntarlos en esta entrada y hacer una mini valoración de cada uno de ellos.

Empecemos.

El tragicómico: Antonia (Esfera de los libros. 2014)

Los de treintaytantos solemos decir que somos la primera generación en vivir peor que nuestros padres, pero (afortunadamente para nosotros) los libros de Historia están ahí para desmentirnos. Los que nacieron al albor de los progresos de la República tuvieron aún menos suerte que nosotros, pues la Guerra Civil primero y la Dictadura Franquista después les arrebataron ese futuro mejor que sus padres soñaron para ellos. Antonia pertenece a esa generación, y sin embargo recuerda los tres años de guerra como "los más felices de su vida", en los que aún no conocía la miseria, el hambre, el abandono, la soledad o las palizas.

Por la coincidencia de escenarios e incluso por la propia condición de superviviente de Antonia, éste libro podría formar parte perfectamente de los 'Episodios de una guerra interminable', de no ser porque carece de la afectación de las novelas de Almudena Grandes, siendo el tono de Nieves Concostrina (Madrid, 1961) más bien sarcástico e incluso abiertamente humorístico en ciertos pasajes a pesar de la crudeza de los hechos que nos narra.

Sin embargo para una drama-queen confesa como la que suscribe, esa ausencia de intensidad ha supuesto un handicap que me ha impedido conectar al 100% con la protagonista, haciendo que me falte ese "algo" que hace que un libro pase de gustarte sin más a encantarte. A pesar de ello, se trata de la novela que más cerca del notable se ha quedado de todas las que aparecen en esta entrada, y estoy segura de que encantará a lectores menos ávidos de tragedia que yo.

El infantil: La lengua de los secretos.

Entre 1936 y 1939 más de 30.000 niños se vieron obligados a dejar su país tratando de escapar del horror de la Guerra Civil. Fueron los llamados "Niños de la Guerra". Martínxo fue uno de ellos, un pequeño de 10 años que se hizo cargo de tres de sus hermanos (Luisa, Matilde y Lucas) cuando fueron separados de sus padres y metidos en un barco que les llevaría hasta Francia, donde los cuatro niños consiguieron sobrevivir solos gracias a la solidaridad de los vecinos de la localidad de Tenay. 

Sin embargo, el relato de esos días está exento de dramatismo, de rencor o de rabia. Más bien al contrario se trata de una novela que rebosa fantasía, porque es en el mundo de la imaginación donde el protagonista se refugia de la realidad que le ha tocado vivir. Aunque parezca increíble, la historia de Martín Abrisketa (Bilbao, 1967) es una novela de aventuras al más puro estilo de Peter Pan (y no solo por las continuas referencias a la obra).

A pesar de a lo novedoso del enfoque y de que la ternura está presente a lo largo de toda la novela, la realidad es que la historia de Martinxo y sus hermanos no ha logrado conmoverme ni ha conseguido captar mi interés durante la totalidad de sus poco más de 500 páginas. Pero estoy segura de que este libro hará pasar muy buenos ratos a los seguidores de las peripecias de Tom Sawyer o de Huckleberry Finn.

El cínico: Por un saco de huesos.

La propuesta de Lluis-Anton Baulenas es la historia de una farsa. La de un joven republicano que en la Barcelona de los años 40 se hace pasar por legionario para cumplir con la última voluntad de su padre: recuperar el cadáver de quien le salvó la vida durante su encierro en el campo de concentración de Miranda de Ebro.

Escrita con un ritmo más propio de una novela policíaca, lo que más me ha gustado es ver pensar al protagonista como un Don Nadie pero actuar como un legionario sin escrúpulos.

El principal 'pero' de esta novela es su punto de partida. No me ha resultado nada creíble que alguien dedique su vida a crear una doble vida con la que engañar al Régimen Franquista, con el riesgo vital que eso conllevaba en los años inmediatamente posteriores a la Guerra Civil, simplemente para honrar la memoria del padre y en última instancia del compañero fallecido.

El inacabado: Demonios Familiares (Destino. 2014)

Leer a Ana María Matute (Barcelona, 1925) siempre es un placer, pero en el caso que nos ocupa ese placer se torna sentimiento agridulce por tratarse de la novela que la autora dejó inacabada cuando la muerte la sorprendió en pleno proceso de escritura.

La historia se desarolla en una ciudad de provincias española en los albores de la Guerra Civil, cuando Eva debe abandonar por expreso deseo paterno el convento en el que está recluida y regresar a la casa familiar. Sus poco más de 150 páginas contienen todos los elementos característicos del universo literario de la Matute, pero falta lo más importante: un final.

He llegado a leer en otras reseñas cosas como que el hecho de que tenga un final abierto es un aspecto positivo más a añadir a esta novela porque así cada uno puede imaginar lo que quiera. Que no os engañen. Esto no es un final abierto. Es imposible inferir un desenlace con la información que nos ha dejado la autora. Es una historia interrumpida en el momento menos oportuno, por lo que aunque su lectura me estaba resultando placentera me veo incapaz, no sólo de hacer una reseña en profundidad, sino apenas de decidir si me ha gustado o no y por tanto de recomendárosla, salvo que seáis admiradores de la prosa sencilla y pulcra de la gran dama de las letras españolas, de su mirada tierna y cruda a la vez, en cuyo caso no puede faltar en vuestra biblioteca.

El nostálgico: El balcón en invierno (Tusquets. 2014)

Detrás de las novelas ambientadas en la Guerra Civil y en los primeros años de la Dictadura franquista suele existir una crítica más o menos explícita a aquella época, a la miseria, a la bajeza moral, al retroceso en derechos sociales. Sin embargo, en esta novela Luis Landero (Badajoz, 1948) hace inventario de recuerdos de su infancia y su primera juventud con la sensibilidad y la delicadeza del que mira hacia atrás convencido de que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Esta ¿novela? intimista y maravillosamente escrita es un homenaje a un modo de vida, a las conversaciones en torno al infiernillo, al sacrificio de los mayores, al arte de buscarse la vida para convertirse en alguien de provecho, pero no sé si por no compartir vivencias con el autor o porque éste salta de recuerdo en recuerdo sin orden ni concierto, se trata de un libro que no ha dejado poso en mí. 

Sin embargo estoy convencida de que le encantará a los lectores de 50 para arriba, ya que gracias a él volverán al pueblo de su niñez, reviviendo los veranos de vendimia y los inviernos recogiendo aceituna, por lo que quizá sea el regalo que estabas buscando para una suegra o un padre amantes de la lectura. ¡Acertarás seguro!

El innecesario: La guerra civil contada a los jóvenes (Alfaguara. 2015).

Cuenta Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) que la necesidad de escribir este libro surge cuando un día lee en un libro de texto de su hija que Antonio Machado era un poeta español que se fue a Francia y murió alli. Horrorizado ante esa visión parcial del exilio, Pérez-Reverte se propone "contar a los jóvenes la Guerra Civil de manera equilibrada, objetiva, sin pasiones, sin rencores, sin cuentas que ajustar, sin buenos ni malos".  

Quizá lo primero que debería haber explicado el autor es a quién va dirigido el libro, porque yo (que tengo un alto concepto de mí misma y de mi lozanía) al leer la palabra "jóvenes" en su portada me lancé de cabeza a por él y me he sentido completamente estafada, como se sentirá cualquier lector, pongamos, mayor de 14 años que lo lea. 

Da la impresión de que para Pérez-Reverte "jóven" es sinónimo de sin criterio, porque este libro no sólo despoja a la Guerra Civil de adjetivos, algo que en principio no me parece mala idea, sino hasta de los datos más básicos necesarios para entender lo ocurrido. Así, al padre de 'Alatriste' no le parece relevante contarle a los jóvenes que la Guerra Civil empieza porque unos militares se sublevan contra el Gobierno legítimamente establecido en esos momentos en nuestro país lo cual es, en mi opinión, igual de escandaloso que decir que Machado era un poeta español que murió en Francia, como si la muerte le hubiera sorprendido allí de vacaciones.

Me resulta completamente imposible clasificar esta obra, que no es novela, ni es ensayo ni, por mucho que pretenda su autor, es Historia. Es decir, Historia es, qué duda cabe, pero más al modo de la cartilla que estudiaban nuestros padres y abuelos, que a la revisión de la Historia que pregona Pérez-Reverte. Éste además parece creer que los jóvenes no son capaces de asimilar grandes cantidades de información ya que los cuarenta capítulos de los que se supone que consta el libro no son más que cuarenta párrafos. Ni uno más ni uno menos. 

En definitiva, un libro completamente prescindible, salvo por las preciosas ilustraciones de Fernando Vicente, al que sólo podría verle la utilidad dentro de las aulas de Primaria, como un primer acercamiento de los más pequeños a la Guerra Civil. 

martes, 3 de noviembre de 2015

Un jardín al norte


"(...) Con Beigbeder es diferente es diferente.
Reconozco que solo lo he visto una vez y demasiado brevemente,
pero sentí esa certeza recorrerme por completo.
Es más que un hombre para mí. Es más que una aventura.
Es más que una causa por la cual luchar para agradar y satisfacer a mi nación.
Es mi vida. Es el amor de mi vida".

Hay vidas que parecen sacadas de la mejor de las novelas. Personas que tienen el don de estar en el lugar apropiado en el momento preciso, la capacidad de relacionarse con los personajes clave del momento y la habilidad de transformarse ante las adversidades reinventándose una y mil veces. Es el caso de Rosalind Fox, espía británica (aunque ella siempre lo negara) y amante del Ministro de Asuntos Exteriores del primer gobierno de Franco, José Luis Beigbeder, a la que la mayoría conocimos gracias a "El tiempo entre costuras" (María Dueñas. Editorial Planeta).

Pero éste también podría ser el caso de Boris Izaguirre (Caracas, 1965), el que fuera fenómeno mediático hace ya casi 20 años por enseñarnos sus intimidades en late-night, hoy reconvertido en escritor de prestigio (amén de gurú de la elegancia y el saber estar). Porque no nos engañemos: Podemos tener todos los prejuicios que queramos con respecto al oficio de escritor del venezolano, pero que existiendo ya unas memorias escritas por la propia señora Fox éste haya tenido la osadia de escribir una novela en primera persona sobre ella y haya salido bien parado (y con bien parado no me refiero sólo a que esa primera persona suene creíble, que también, sino a que nos olvidemos de que la pluma que está detrás es la de alguien tan fácilmente identificable como Boris) no significa más (ni menos) que no nos encontramos ante otro personaje conocido metido a junta-letras.

Un jardín al norte (Planeta. 2014) comienza en la década de los años 20 en el condado británico de Kent, donde conocemos la soledad de la pequeña Rosalind, recluída en un internado para señoritas tras la separación de sus padres. Somos partícipes de sus primeros encargos como espía cuando una Rosalind ya adolescente se marcha a vivir a la India colonial con su padre. Somos testigos de su prematura boda con un hombre que la llevará a conocer las mieles del primer amor y la maternidad, y la hiel de la traición, el engaño y la decepción. Y cuando los peores augurios se ciernen sobre la frágil Rosalind, la veremos renacer convertida en toda una heroína. Así, asistiremos a los Juegos Olímpicos de Berlín en los prolegómenos del nazismo donde conocerá a su gran amor y estaremos presentes en Estoril en el momento del accidente de aviación que causó la muerte al General Sanjurjo. Pero sobre todo conoceremos la lucha interior de la protagonista entre llevar a cabo la misión que le han encomendado o entregarse al amor de su vida.

A pesar de que la protagonista indiscutible es Rosalind, si tuviera que quedarme con un personaje de Un jardín al norte, sería con Zahid, su fiel criado, porque creo que encarna todo lo que no encontrará en los hombres de su vida (Beigbeder incluído): la lealtad de un amigo, los desvelos de un padre, el cariño de un esposo. Y si tuviera que quedarme con un escenario ése sería Calcuta, pero también me ha encantado disfrutar de ese oasis de tranquilidad que era el suntuoso jardín de Tánger y, sobre todo, escandalizar a la mojigata sociedad española de la época.

Sin embargo, me resulta difícil clasificar esta novela, ya que si bien tiene una importante carga romántica, es quizá la parte de la historia que menos creíble me ha resultado: Desconozco si sucedió así en la realidad o es cosa del autor, pero la novela pasa de puntillas por el proceso de enamoramiento entre Rosalind y Beigbeder, pasando de un primer encuentro más bien soso, o simplemente cortés, a un intercambio de cartas excesivamente pasional en el que se descubren mutuamente como almas gemelas, por lo que me ha costado bastante entrar en su historia de amor. Del mismo modo, y a pesar de las misiones que debe llevar a cabo Rosalind no estamos ante una historia de espías, sino que más bien diría que se trata de una novela de aventuras que transcurre en un periodo apasionante de la Historia que abarca la Primera Guerra Mundial, la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial.

Lo que sí tengo claro es que se trata de una novela que me ha resultado muy entretenida y que pone de manifiesto el talento de Boris como escritor. Por ello se queda muy cerquita del notable en mi calificación personal y te la recomiendo si te quedaste con ganas de más después de leer "El tiempo entre costuras".

jueves, 23 de abril de 2015

La ciudad de los ojos grises



"Podrá nublarse el sol eternamente,
podrá secarse en un instante el mar..." 

Hay novelas en las que el espacio en el que transcurren tiene tanta importancia que se acaba convirtiendo en un personaje más de la misma. Y quizá haya sido precisamente porque no conozco Bilbao el motivo por el que me ha hecho falta más de un tercio del libro para empezar a entrar en la historia que nos propone Felix G. Modroño (Vizcaya, 1965).

La ciudad de los ojos grises (Algaida. 2012) comienza en la Nochebuena de 1914, cuando leyendo el periódico, Alfredo descubre la muerte de Izarbe, la mujer que ama desde que es un adolescente. Es entonces cuando decide abandonar su exilio voluntario en París para volver a su Bilbao natal en busca de respuestas no sólo sobre la repentina muerte de su eterna enamorada, sino sobre su propio pasado.

La acción transcurre en el momento histórico en que Bilbao va sacudiéndose su apariencia rural para empezar a transformarse en la ciudad industrial que terminaría siendo no mucho después. El relato está salpicado de lugares y personajes de la historia local como Unamuno, Indalecio Prieto, Sabino Arana, María de Maeztú, el café Iruña o el restaurante El Amparo. Pero lo que para muchos habrá supuesto el punto fuerte de la novela, la minuciosa ambientación histórica del Bilbao de principios del siglo XX, para mí ha sido todo lo contrario: En ocasiones me ha resultado forzada la inclusión de anécdotas en el relato, sacándome por completo de la historia y provocándome la tediosa sensación de estar escuchando una lección magistral a la que no recuerdo haberme apuntado.

Los misterios relacionados con el pasado de Alfredo me han resultado bastante predecibles, viendo por dónde iban a ir los tiros prácticamente desde el planteamiento de los mismos. Pero lo que se me ha atragantado es la trama relacionada con la muerte de Izarbe. Vale que un escritor tiene derecho a tomarse ciertas licencias literarias en aras de encajar los bolillos que componen su historia, pero ¿la mismísima Mata-Hari en Bilbao? Quiero decir: No me escribas una tesis doctoral sobre urbanismo e historia local bilbaína si te vas a pasar el rigor histórico por el arco de la peineta a media novela.

Así que si, como he dicho más arriba, se trata de una novela en la que me ha costado muchísimo entrar y cuando estoy empezando a hacerlo me cuelan a traición una historia sobre espías en la Primera Guerra Mundial, a nadie le sorprenderá que en mi particular calificación no alcance el aprobado. Aunque desde aqui os digo que se trata de un libro que tiene buenísimas críticas de otros lectores, hasta el punto de haber sido elegida la Mejor Novela del 2012 por los bloggers literarios y de haber recibido el Premio Libreros de Bizkaia en 2013. Lo que es incuestionable es que La ciudad de los ojos grises es un homenaje a la ciudad de Bilbao y que su autor ha sabido impregnar a toda la novela de ese ambiente sombrío característico tanto de la capital vizcaína como de la época en la que transcurre la acción.

jueves, 26 de febrero de 2015

Desde la noche y la niebla: Mujeres en las cárceles franquistas


"Compañera, sabemos que te han maltratado bárbaramente.
En nombre de todas te saludamos.
Mientras estés incomunicada, la misma compañera que te ha pasado este saludo 
seguirá en relación contigo. Dinos si necesitas sacar algún recado a la calle.
Haremos lo que esté a nuestro alcance por ayudarte.
Toda la prisión está llena. Resiste. Aqui también luchamos".

Dice Almudenas Grandes en el prólogo de Desde la noche y la niebla: Mujeres en las cárceles franquistas (Horas y horas. 2012) que cuando salió publicado por primera vez,  éste era un libro necesario. Hoy, casi 40 años después de su primera edición, y en parte gracias a las novelas de la Grandes y, anteriormente, a 'La voz dormida' de Dulce Chacón, quizá su lectura no sea tan necesaria para entender el horror de la realidad carcelaria del franquismo, pero sin duda se trata de un testimonio ineludible si lo que se pretende es conocer de primera mano la historia de una de aquel millón de presos políticos que llegaron a estar encerrados en cualquiera de las numerosas prisiones que brotaron como setas en la España de posguerra.

Desde la noche y la niebla, que ya desde su título hace referencia a la desaparición forzada de personas por parte del régimen nazi, es la historia de los últimos días de la contienda en un Madrid que nunca se rindió, sino que fue entregado a Franco por la Junta del General Casado; de la estampida de miles de republicanos hacia Alicante con la esperanza de ser rescatados por barcos de la Sociedad General de Naciones; de cómo sus ilusiones se rompieron en pedazos cuando el puerto de Alicante se convirtió en una ratonera en la que cientos de familias fueron separadas y no camino de la libertad precisamente; del hambre que les arañaba las tripas cuando les deportaron a los campos de concentración (porque sí, en España también los hubo); de las lamentables condiciones del viaje en tren que las trajo de regreso a Madrid para ser identificados y encarcelados; del hacinamiento de aquella masa despersonalizada de mujeres que pugnaban por una baldosa en las celdas, los patios y hasta las escaleras de la cárcel de Ventas en la que poder estirar sus maltrechos cuerpos; de la brutalidad de las torturas que sufrieron en los sótanos de Gobernación; de las humillaciones a las que las sometieron las monjas y funcionarias; de los juicios sumarísimos basados en pruebas falsas y con abogados defensores que ni siquiera conocían a sus defendidas, y de su dignidad ante los pelotones de fusilamiento frente a las tapias del cementerio del Este. 

Pero sobre todo es la historia de la red de solidaridad que se tejió entre las presas, compartiendo los raquíticos paquetes que sólo a costa de privarse ellos de comer podían hacerles llegar sus familiares desde el exterior, promoviendo huelgas de hambre para conseguir mejoras en las condiciones de los niños tiñosos que vivían en la galería de madres, o convirtiéndose en las manos de una condenada a muerte a la que un terror paralizante impide siquiera vestirse la noche en la que la van a meter en capilla.

Lo que no es este libro es una novela auto-biográfica, ya que de su autora toma distancia de su propia vivencia utilizando la tercera persona y desfigurando algunos hechos para no dar a conocer su identidad, ya que cuando la novela fue escrita, Juana Doña (Madrid, 1918- Barcelona, 2003) estaba de nuevo incorporada a la lucha clandestina. Así, por ejemplo en la novela no encontramos una sola referencia a la mediación de Eva Perón para conmutarle la pena de muerte por una condena de treinta años. Pero que nadie se piense que las trescientaypico páginas que conforman Desde la noche y la niebla son producto de la imaginación de la autora, ya que como ella misma la definió estamos ante una novela-testimonio: La Leonor del relato es en esencia Juana Doña (una jovencísima comunista madrileña cuyo marido, dirigente de las Juventudes Socialistas Unificadas, será fusilado en los primeros años de la posguerra, y cuya propia condena a muerte será conmutada por una condena de 30 años de los cuales cumplirá 18 en diferentes prisiones españolas) pero su voz es la de las miles de presas políticas con las que compartió encierro en Ventas, Segovia, Guadalajara o Alcalá de Henares.

No sé si es debido a la falta de oficio de la autora o que a fuerza de leer tanto sobre el mismo tema al final una acaba "insensibilizándose", pero lo cierto es que no he conseguido sentir como propio el sufrimiento de Leonor, sus desventuras no me han mantenido pegada al sofá ni he notado ese pellizco en el estómago fruto de la rabia ante la crudeza de los hechos relatados que sí he sentido al leer las novelas mencionadas más arriba.

Sin embargo, y pese a que la calidad literaria del texto pueda no satisfacer a los lectores más exigentes, voy a calificar con un notable a esta novela por su innegable valor histórico a la hora de dar testimonio de la brutal represión que sufrieron miles de mujeres, en muchos casos por el único delito de mantenerse leales a la legalidad democrática.

martes, 30 de diciembre de 2014

Los pasos que nos separan

Casi todos nuestros pecados nos acompañan 
desde mucho antes de que los cometamos.

A estas alturas de la película ya os habreis dado sobrada cuenta de que tiendo a reincidir con aquellos autores cuyas obras anteriores me hayan gustado. Puede que entonces, si sois asiduos al blog, os pregunteis al ver la portada del libro de hoy cómo he podido dar una segunda oportunidad a Marian Izaguirre (Bilbao, 1951) después tras calificar su anterior novela con un simple aprobado. Sin embargo si recuperais la reseña que publiqué en su momento sobre La vida cuando era nuestra vereis que en ningún momento dije que no me gustara, sino que me esperaba otro tipo de novela, más profunda quizá, pero que había disfrutado mucho con el estilo literario de esta escritora. Por eso cuando me enteré de la publicación de su nueva novela no me hizo falta darle muchas vueltas para decidirme por su lectura.

Los pasos que nos separan (Lumen. 2014) comienza en la ciudad italiana de Trieste en 1920. Son tiempos convulsos para los triestinos ya que los fascistas pretenden italianizar la ciudad a la fuerza y expulsar a los numerosos ciudadanos eslavos que la habitan. En medio de esa gran conflictividad social Salvador y Edita se conocen. Él es un muchacho de 20 años que ha dejado su Barcelona natal para convertirse en escultor. Ella es una hermosa eslovena cinco años mayor que él, casada y que acaba de ser madre. Pero esto no será un obstáculo para que los jóvenes se enamoren. Medio siglo más tarde, en Barcelona, un Salvador ya anciano quiere recorrer los lugares de su juventud para redimirse de sus pecados, pero dada su avanzada edad necesita que alguien le acompañe en su particular peregrinación, por lo que pone un anuncio en un periódico. A la oferta de trabajo responde Marina, una estudiante de arte que lleva sobre sus hombros una pesada carga.

Nuevamente la escritora vasca hace gala de su prosa exquisita para narrarnos una historia estructurada en dos hilos temporales. Su dominio del lenguaje es tal que leyendo sus páginas puedes notar la fuerza de la bora, el viento típico de Trieste, e incluso sentir el olor a barnices, pigmentos y aceites del estudio del escultor Spalic.

Pero dicho esto empiezan los "peros": el principal, que no acabo de ver la necesidad de la trama que ocurre a finales de los 70. O mejor dicho: Quizá ese hilo temporal sea pertinente a modo de expiación de Salvador como he dicho más arriba, pero lo que es totalmente prescindible es el personaje de Marina. Y si goza de algún protagonismo es porque el desenlace de la novela adolece de un tufillo moralista que no me ha gustado nada, la verdad, pero no me explayaré para no condicionar a los que esteis pensando en leerla y sobre todo para no destripárosla.

Otros "peros" secundarios serían que debido a los nombres italianos en ocasiones me ha costado seguir ciertos pasajes de la historia y que pensaba que el cuadro de Antonello da Messina tendría más protagonismo en la trama más próxima en el tiempo. Esperaba que, después de aparecer tanto en la parte más antigua del relato, el cuadro encerrara algún tipo de misterio que se resolviera al final.

Creo que lo que me pasa con las novelas de Marian Izaguirre es que voy pasando las páginas esperando un golpe maestro que nunca se produce. Eso y que sus finales me dejan fría. Me falta contundencia, rotundidad. Y eso que al girar en torno al sentimiento de culpa Los pasos que nos separan me ha parecido más honda que su predecesora. Pero termino la última linea y me invade la sensación de "¿eso es todo?".

En definitiva, un aprobado para esta novela que te encantará si ya te gustó La vida cuando era nuestra, pero que nuevamente no ha cumplido mis expectativas.

miércoles, 23 de julio de 2014

Las tres bodas de Manolita




"(...) Quedaban sus palabras, adiós, que tengáis suerte, adiós, te quiero más que nunca,
adiós, me voy con la alegría de haberte conocido, 
adiós, habla a mis hijos de mí, de las ideas por las que voy a morir, 
adiós, busca a un buen hombre, cásate con él y sé feliz, pero no me olvides, 
adiós, mi amor, cuánto te he querido y qué poco tiempo hemos tenido para estar juntos, 
adiós, hijos mios, sed muy buenos y ayudad mucho a vuestra madre,
 adiós, cariño, adiós, vida mía, adiós, adiós, adiós. Y todas las despedidas eran parecidas, pero todas distintas, distintas las mujeres que no podían terminar de leer en voz alta el papel que temblaba entre sus manos, idéntico el hueco que cada nueva carta abría en mi cuerpo agujereado, incapaz de abrigar tantos adioses (...)

Las guerras lo destruyen todo, pero la guerra civil española tuvo además la cualidad de eliminar de un plumazo los años 1.937 y 1.938. El guión que separa 1.936 de 1.939 no solo unió para siempre esas dos fechas, sino que, como si de un agujero negro se tratara, se tragó los años que van de una a otra, como si nunca hubieran existido, como si la guerra no hubiera sido más que un simple paréntesis en las tragedias personales de los que se empeñaron en sobrevivir.

Pero resulta que al abril del 36 no le siguió el julio del 39 y que, durante ese lapsus temporal escondido detrás de las tres palabras que forman “la guerra civil”, e incluso de “la inmediata posguerra”, la vida siguió, como diría Sabina, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. Por eso, proyectos como Episodios de una guerra interminable son vitales para conocer la realidad de aquella España, porque en sus novelas Almudena Grandes (Madrid, 1960) reconstruye la vida cotidiana de esos años con la minuciosidad de un arqueólogo que va desenterrando cada centímetro de tierra arrasada por el impacto de un meteorito devastador. 

Las tres bodas de Manolita (Tusquets. 2014) es una novela coral, protagonizada por las historias de una decena de personajes principales y un centenar de secundarios, que convergen en la figura de Manolita Perales, una chica normal que, por si no tuviera bastante con un padre encarcelado en Porlier, una madrastra presa en Ventas, y cuatro hermanos pequeños a su cargo en el Madrid herido y paupérrimo de 1940, ve como su vida se complica por culpa de los tejemanejes políticos de su hermano Antonio, quien le propone una boda ficticia con un preso político amigo suyo que es el único capaz de poner en funcionamiento las multicopistas necesarias para imprimir unos panfletos. 

Así, sin quererlo al principio, y conscientemente después, Manolita acaba formando parte del universo de personajes que pueblan la cárcel de Porlier a ambos lados de la alambrada. Conocemos así la resignación y hasta la alegría de los presos del penal, el estoicismo y la solidaridad de sus mujeres, y los abusos y la corrupción de sus funcionarios empezando por el máximo representante de Dios en ese infierno situado en el centro de Madrid.

Confieso que me costó entrar en la historia casi un centenar de páginas, porque después de tener el privilegio de poder hablar con la autora durante la pasada edición de la Feria del Libro de Madrid, no podía evitar que su voz rota se superpusiera a la de Manolita contándome su historia en primera persona. Pero una vez superadas las primeras 70 páginas caí rendida ante la profundidad de los personajes y la intensidad del relato que conforman las diferentes historias encerradas en Las tres bodas de Manolita.

El único pero que le encuentro a la novela es que el personaje de Manolita, como protagonista y por su condición de chica corriente, carece de la fuerza de esa Inés uniéndose al ejército liberador del Valle de Arán cargada de rosquillas a lomos de su caballo (Inés y la alegría. Tusquets. 2010).

Pero sólo por haber alumbrado un personaje como Eladia, cuya historia se me ha clavado tan dentro como si la hubieran escrito con un bisturí sobre mi cuerpo, merecen la pena las más de 700 páginas que conforman el libro (aunque en mi opinión, el interés de la novela decae tras poner fin a la historia de Carmelilla de Jerez).

Por todo ello, por su maravillosa recreación de la vida en el Madrid de posguerra, por su exhaustivo conocimiento del mundo de las cárceles franquistas (Porlier, Ventas, Yeserías), pero sobre todo porque no defrauda a todos los que, como yo, esperábamos ansiosos esta novela desde hace dos años, Las tres bodas de Manolita obtiene un notable alto.

jueves, 3 de julio de 2014

La cáscara amarga


Que no nos envíe Dios todo lo que somos capaces de aguantar

Cuatro días escasos me ha durado La cáscara amarga (Planeta. 2013), un libro que llegó a mis manos por casualidad y del que no tenía referencia alguna, pero cuya portada me atrapó. La mirada de la niña ejercía una suerte de poder hipnótico tan fuerte sobre mí que ni siquiera fui capaz de darle la vuelta al libro para leer la información de la contraportada. Así que, sin la más remota idea de lo que me iba a encontrar dentro, me decidí a conocer la historia que se escondía detrás de aquellos inmensos ojos tristes.

La sexta novela de Jesús Ruiz Mantilla (Santander, 1965), y la primera de esta autor que yo leo, es el relato crudo, áspero y amargo (como su título) de la infancia de Emilia. Una infancia en la que, con una madre presa y un padre ausente, ella y sus hermanos se ven abocados a la miseria, a la soledad y, en algunos casos, a la muerte.

Prometo que hasta que empecé a leer, desconocía que la historia se situaba en las inmediaciones de la Guerra Civil, pero os aseguro que no se trata de otra novela más sobre la contienda española. Más bien al contrario, La cáscara amarga no es más (ni menos) que el desfile de los fantasmas de su pasado frente a una Emilia ya anciana, en la misma frontera entre la vida y la muerte.

Cada capítulo está dedicado a un personaje relacionado con la niñez de Emilia. Así, van apareciendo su madre, la Chila; su padre, Juan; sus hermanos, Mariuca, Lucrecia, Carmina, Leoncio y Casimiro; su abuela Simona; sus tías, Paquita y la Romana, y hasta Don Luis, párroco de Santoña.

Reconozco que durante las 20 primeras páginas me costó entrar en la narración porque el estilo de este escritor cántabro no es nada convencional. Sin embargo, en el tercer capítulo ya estaba completamente cautivada por esta historia de superación, porque eso es lo que es La cáscara amarga, la historia de una lucha contra los elementos por parte de una auténtica superviviente. Y cuando digo auténtica quiero decir real, porque Emilia Fuentes es un personaje real, dueña de una empresa conservera en Santoña, cuya relato conoció Ruiz Mantilla, quien fuerte impresionado por la misma decidió novelarla. Es más, el autor confiesa que se ha visto obligado a "maquillar" algunos aspectos de esas vivencias en su novela porque la verdadera historia es, en sus propias palabras, absolutamente insoportable.

Por todo ello, por su originalidad, por su dureza, por su magnífica prosa y por la verdad que esconden unos personajes increíblemente humanos, no  tengo más remedio que calificar a este libro con un notable alto.

lunes, 2 de junio de 2014

El testigo invisible


"(...) Si muero a manos de mis hermanos los campesinos rusos,
nada habréis de temer, y vuestro linaje reinará por cuatrocientos años.
Pero si son vuestros parientes ricos quienes procuran mi muerte,
ni vosotros ni ninguno de vuestros cinco hijos me sobrevivirá más de dos años (...)"
Carta de Rasputín a Nicolás II

Nacer a principios de los 80 me convirtió en hija (culturalmente hablando) de la España negra más profunda. Ésa en la que la muerte entraba varias veces a la semana en nuestra casa de la mano de ETA, que mataba cada tres días y medio en sus años más duros; áquella en la que la cadena pública dedicaba su prime-time a la búsqueda de personas desaparecidas y era líder de audiencia todas las semanas durante los seis años que el programa estuvo en antena, a pesar de que por entonces ya existían las cadenas privadas; la que convirtió en una gran de partida de Cluedo el asesinato de los Marqueses de Urquijo e hizo de la matanza de Puerto Hurraco la versión patria de los asesinatos de Cielo Drive.

Todo esto cristalizó en un caldo de cultivo quizá un poco macabro pero sin duda inspirador para los que teníamos en nuestra fantasía a la mejor compañera de juegos.

En este contexto, el episodio del asesinato de los últimos zares de Rusia y de sus cinco hijos me fascinó desde que lo conocí. Contenía todos los ingredientes necesarios para convertirse en la historia favorita de la pequeña escritora en ciernes que nunca llegaría a ser: profecías, asesinatos, plebeyas que reclaman identidades principescas...

Tenia 10 años cuando exhumaron los cadáveres de la familia imperial rusa y recuerdo acercarme a los dominicales de la época en busca de los detalles morbosos que omitían los libros de Historia, mucho más prolijos a la hora de explicar las causas que conllevaron al derrocamiento del régimen zarista o las luchas de poder entre bolcheviques y mencheviques, que sinceramente no me interesaban lo más mínimo.

Así, después de leer un par de reseñas sobre su última novela, me decidí a darle a Carmen Posadas (Montevideo, 1953) la oportunidad que sus anteriores obras no me habían animado a concederle.

El testigo Invisible (Planeta. 2013) narra la historia de Leonid, quien sabiéndose en el final de sus días decide desvelar el secreto que lleva toda la vida guardando y que no es otro que haber sido el único superviviente de la matanza de la familia Romanov y de sus criados más cercanos la noche del 17 de julio de 1918. 

De este modo, y a través de los recuerdos y vivencias de Leonid, primero como deshollinador en el palacio imperial y luego como pinche de cocina de la familia Romanov, nos adentramos en los últimos años del Zar Nicolás II, su mujer la Zarina Alejandra y sus cinco hijos. De este modo somos testigos de aspectos de su vida privada, como el amor incondicional que se profesaba el matrimonio, las aspiraciones románticas de las duquesitas, las limitaciones del heredero al trono por la hemofilia que padecía o cómo un personaje de dudosa respetabilidad como Rasputín pudo ganarse la confianza de la zarina y convertirse en su único confidente y asesor, hasta llegar a presenciar el mismo momento en que el pelotón de fusilamiento abre fuego sobre ellos en un sótano de Ekaterimburgo.

Carmen Posadas demuestra un conocimiento exhaustivo no solo de uno de los periodos más convulsos de la historia rusa contemporánea, sino de los lugares en los que transcurre la novela. La ambientación es tan cuidada que me ha permitido pasear por las desabastecidas calles de Petrogrado de la mano de Leonid, asistir desde una de las gélidas orillas del Neva al momento en el que los asesinos de Rasputín se deshacían de su cadáver tiràndolo al rio, unirme a las hordas ciudadanas en busca de alimento por los depósitos de trigo de San Petersburgo, acompañar al ciudadano Romanov y a sus hijas durante sus paseos por el jardin de la residencia de Tobolsk en la que cumplieron su forzado exilio, o detenerme a curiosear frente a la casa Ipatiev junto al resto de vecinos de Ekaterimburgo.

Lo único que destacaría negativamente, o al menos menos positivamente, serían los capítulos escritos en presente por el Leonid anciano, porque sinceramente, salvo el episodio del documental de la BBC, creo que no aportan nada a la historia. 

Y finalmente una duda que me atormenta desde que terminé de leer esta novela: ¿Por qué la autora no ha sacado más partido al hecho de que Leonid conservara el diario personal de una de las grandes duquesas? Creo que haber intercalado fragmentos de ese diario sin duda hubiera dado mucho juego a la hora de profundizar en la vida familiar y privada de los Romanov y no puedo entender cómo la escritora ha descartado un recurso tan efectista.

Sin embargo, como hay más elementos positivos que negativos, y sobre todo por tratarse de un libro apasionante sin restar un ápice de rigor histórico a la historia, mi valoración de esta novela es de notable.

miércoles, 23 de abril de 2014

Las tres heridas




"Llegó con tres heridas:
La del amor, 
la de la vida,
la de la muerte."
 Miguel Hernández 

Ya he dicho en alguna ocasión que tengo especial predilección por los libros ambientados en la Guerra Civil y en la inmediata posguerra. Soy de la opinión de que los que nacimos ya en democracia, los primeros españoles verdaderamente a salvo de las heridas de la Guerra Civil, tenemos una deuda, una obligación moral, con la generación que sufrió esa guerra cainita y su posterior represión, y esa deuda u obligación no es otra que no olvidar, conocer la verdad, tratar de comprender sin caer en maniqueísmos de que unos fueron muy buenos y los otros muy malos y asumiendo que en ambos bandos se cometieron atrocidades.

Sin embargo, mis ganas de saber se han topado siempre con el silencio, en mi casa primero y en las aulas después. Mis abuelos nunca han sido de contar "batallitas", supongo que en parte por esa mordaza que se autoimpusieron los que perdieron la guerra, y en parte porque, estoy convencida de que, en un lado y en el otro, en algún momento, quien más quien menos se vio obligado a hacer cosas de las que no se sienten muy orgullosos para sobrevivir y prefieren callar y olvidar. 

En lo que respecta al ámbito educativo, la Guerra Civil era una materia que se quedaba siempre fuera del temario por falta de tiempo. No exagero si afirmo que la primera vez que he estudiado la Guerra Civil española ha sido ya durante la carrera, de la mano de uno de los mejores, eso sí, el Profesor Javier Cervera, cuyos amplios conocimientos al respecto se han materializado en obras como 'Ya sabes mi paradero: la guerra civil a través de las cartas de los que la vivieron' (Editorial Planeta. 2005), 'Madrid en guerra. La ciudad clandestina 1936-1939' (Alianza Editorial. 2006) o 'La guerra no ha terminado: el exilio español en Francia 1944-1953' (Taurus Ediciones. 2007).

Es en esta falta de conocimiento, académico y doméstico, donde surge mi interés por todo aquello (películas, documentales, libros...) que transcurra en las décadas de los años 30 y 40 en nuestro país, y donde nace mi fascinación por las historias que suceden entre sirenas anti-aéreas, cartillas de racionamiento, cafés con achicoria, checas y sacas.

Por eso cuando me encontré por pura casualidad con una reseña sobre Las tres heridas (Editorial Planeta. 2012) supe que este libro me encantaría.

La cuarta novela de Paloma Sánchez-Garnica (Madrid, 1962) narra la historia de Ernesto, un profesor de literatura decidido a cumplir la última voluntad de su recién fallecida esposa: dejarlo todo para dedicarse a tiempo completo al sueño de escribir su gran novela. Aficionado a las antigüedades, en una de sus habituales visitas al Rastro madrileño se hace con una caja de hojalata que contiene unas cartas manuscritas y una fotografía en blanco y negro de una joven pareja en cuyo dorso puede leerse: Mercedes y Andrés. Móstoles. 19 de julio de 1936.

Intrigado por lo que se esconde detrás de esa imagen y esas cartas, y con la esperanza de que se encuentre frente a la historia que le permita escribir su gran novela, Ernesto decide investigar sobre el terreno para ver si es capaz de dar con el paradero de la pareja o si por el contrario algún vecino del pueblo de Móstoles puede contarle qué fue de ellos.

Esa investigación nos hace retroceder en el tiempo llevándonos directamente a los aciagos días de la Guerra Civil en los que transcurre el segundo hilo temporal de la novela. Ahí conocemos cómo, pocos días después de ser tomada esa fotografía, la felicidad del joven matrimonio se ve truncada cuando Andrés, denunciado por un vecino, es obligado a alistarse a la guerra con el bando republicano.

Mercedes decide entonces huir a la capital con su madre donde es acogida en casa de los Cifuentes, una familia acomodada y afín al levantamiento militar que tendrá mucho que ver con el destino de Mercedes, quien, a su vez, se convertira en confidente de la hija mayor, Teresa, que se debate entre dejarse llevar por sus sentimientos o la lealtad a su familia.

A pesar de lo que pueda parecer, Las tres heridas no es otra novela sobre la Guerra Civil, sino sobre las vicisitudes de una decena de personajes a los que les tocó vivir entre 1936 y 1939.

Escrita con un ritmo ágil, un estilo cuidado y una minuciosa ambientación que unida a un lenguaje riquísimo te mete de lleno en ese Madrid en guerra, la novela me ha tenido totalmente enganchada durante sus casi 700 páginas. Todos los personajes que la conforman, incluso los secundarios, son tan reales, tan humanos, están tan perfectamente dibujados, que logramos entender su proceder aún cuando no empaticemos con muchos de ellos.

Lo único que me ha gustado menos son las sorpresas (lo dejaré ahí para no destriparle el argumento a nadie) con las que se ha desmarcado la autora para tratar de unir ambas tramas, aunque reconozco que eso no le ha restado un ápice de interés a la historia.

Por todo ello, le doy un sobresaliente a esta magnífica novela que demuestra que buenos, y malos, los hubo en ambos bandos.