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lunes, 29 de enero de 2018

Los pacientes del doctor García


El último domingo del 47 fui al encuentro de una mujer que conocía mi verdadera identidad.
Amparo sabía que yo no me llamaba Rafael Cuesta Sánchez, sino Guillermo García Medina. 
Y que era médico, aunque no tuviera título oficial y trabajara en una agencia de transportes.
Lo que ignoraba era que había ido a buscarla para ayudar a Manuel Arroyo Benítez, 
un amigo mío que había suplantado la identidad de Adrián Gallardo Ortega para infiltrarse
en una organización de prófugos nazis y emigrar a la Argentina como uno de ellos.
Mientras tanto, el verdadero Adrián Gallardo mendigaba en Berlín, y cuando le paraba una patrulla enseñaba la documentación de un hombre llamado Alfonso Navarro López.
Mi historia es la historia de tres impostores.

Pocos planes podían haberme apetecido más que el club de lectura con Almudena Grandes (Madrid, 1960) organizado por una librería de Alcorcón este pasado fin de semana. Un encuentro del que me enteré por pura casualidad mientras buscaba información que corroborara mis impresiones sobre su última novela y al que decidí sumarme a pesar de que los organizadores me avisaron de que el evento había superado todas sus previsiones y de que el aforo estaba más que completo. (Afortunadamente para mí, no sólo conseguí entrar, sino que pude plantearle algunas cuestiones relativas al proceso creativo de sus novelas, amén de irme de allí con su firma y una foto con ella ya que, como dice mi amiga Laura, no dejo de ser una grouppie. Literaria pero grouppie al fin y al cabo).

'Los pacientes del doctor García' (Tusquets. 2017) es la historia de una amistad, la de Guillermo y Manolo, "dos amigos que tienen la costumbre de salvarse la vida mutuamente durante toda su vida". Un médico y un diplomático republicano que se ven obligados a adoptar identidades falsas para infiltrarse en la red de evasión de criminales de guerra nazis que dirigía desde Madrid la mano derecha de Pilar Primo de Rivera y responsable de propaganda de la Sección Femenina de Falange, Clara Stauffer.

Con esta nueva entrega de sus Episodios de una guerra interminable, la novelista vuelve a sumergirnos en los veinticinco primeros años de la dictadura de Franco desde el punto de vista de los resistentes, de los españoles que dijeron que no al régimen impuesto a partir del 1 de abril del 39 y lucharon con cualquiera de las armas a su alcance (disidencia política, lucha armada, vía diplomática...) para dar respuesta a la desmemoria, "a la memoria no resuelta, a las preguntas que no podemos responder sobre las historias que nuestros abuelos ya no nos pueden contar".

Concretamente, con el último volumen de la serie, su autora pretende reivindicar el papel de la burguesía republicana, el de la clase progresista española que creó la Institución Libre de Enseñanza, que fundó las misiones pedagógicas y que redactó la Constitución del 31 gracias a la que nuestro país alcanzó un progreso que no ha vuelto a conocer, pero "que ha sido eliminada del relato para legitimar el argumento de los golpistas de que no se podía dejar el país en manos de esa gente".

Como ya hiciera con la invasión del Valle de Arán en 'Inés y la Alegría' (Tusquets. 2012), la escritora vuelve a valerse de un hecho histórico desconocido para sacarle los colores a la versión oficial del Franquismo, a ese relato edulcorado reescrito por los herederos del régimen durante la Transición. En este caso, la base real sobre la que se sustenta la novela es la existencia en Madrid de la mayor organización clandestina de evasión de criminales nazis que, gracias a los contactos de la ciudadana española de ascendencia alemana Clara Stauffer y a la connivencia del régimen, suministraba documentación falsa a los prófugos de la justicia internacional con la que pudieron empezar una nueva vida en España o huir a Argentina.

'Los pacientes del doctor García' pone en evidencia el ninguneo diplomático al que los aliados, capitaneados por Estados Unidos, sometieron a nuestro país y sobre todo al gobierno legítimo de Negrín, y resulta desgarradoramente conmovedor leer la amarga reflexión de uno de los personales principales cuando es consciente de que la causa republicana, a la que ha dedicado su vida, sacrificando su proyecto personal y jugándose literalmente el pellejo, ha sido despreciada definitivamente por la comunidad internacional y que la ansiada intervención aliada en España no llegará jamás a producirse, porque "a las democracias occidentales les gustó más Franco que los demócratas españoles, que fueron los grandes perdedores de la Guerra Fría".

Estamos sin duda ante la novela más ambiciosa de Almudena Grandes, no sólo por sus cerca de 800 páginas, porque el intervalo de años que abarca es el más amplio de las entregas publicadas hasta la fecha (desde 1936 hasta 1977) ni por la cantidad de escenarios en los que transcurre la trama (Madrid, el frente de Leningrado, un campo de concentración en Estonia, el Berlín nazi o la Argentina de Perón, son sólo algunos de ellos).

'Los pacientes del doctor García' es una novela de enorme complejidad que exige un esfuerzo constante por parte del lector para no perderse: El hecho de que gran parte de los personajes tengan dos y hasta tres identidades diferentes (en ocasiones compartidas con otros personajes) demanda un plus de concentración para poder seguir el hilo, haciendo de esta historia una propuesta no apta para el común de los lectores. Aunque la escritora afirma que ha tratado de tener muy presentes a los lectores a la hora de escribirla y proclama que sus lectores son muy listos, confieso que yo he tenido ciertas dificultades para identificar a algunos de los alemanes en momentos muy precisos de la acción. Este es el principal "pero" de la novela (aunque ya os digo que ha sido algo muy puntual).

El segundo es que la novela parece no coger vuelo hasta pasado el ecuador del libro, cuando las diferentes historias personales reflejadas hasta ese momento empiezan a encajar unas con otras y comienzas a entender a dónde te diriges. Pero la sucesión de historias a priori inconexas unas con otras que son las primeras cuatrocientas primeras páginas, por muy primorosamente narradas que estén (que lo están), puede hacer desistir a más de un lector.

El tercer (y último) "pero" es completamente personal. Y es que, a pesar de que, como en todos los 'Episodios' los protagonistas son gente corriente, "héroes por casualidad y sin vocación de serlo", por la propia naturaleza de una trama de espionaje y las implicaciones diplomáticas de la historia, es la novela en la que menos peso tiene la vida cotidiana de los ciudadanos de a pie de la España de posguerra, que, en mi caso concreto, es la parte que más me interesa.

Sin embargo, el hecho de que sea la novela más internacional de la serie y la que mayor periodo temporal abarca ha permitido a la novelista utilizar un recurso que a mí me ha encantado, estableciendo conexiones con los anteriores 'Episodios' y con sus protagonistas. Así Pepe el Portugués, Manolita o la propia Inés "hacen cameos" en diferentes momentos de la novela. Un simpático guiño de la autora con los seguidores de la saga, que recibimos estas apariciones estelares con la misma alegre emoción que sientes al encontrarte en el Metro a un paisano del pueblo de la Alcarria Conquense en el que pasas los veranos.

En definitiva, un notable para esta novela que, sin ser mi favorita de las publicadas hasta ahora, no defrauda a los admiradores de la literatura de Almudena Grandes y del titánico proyecto en el que se halla inmersa (del que ya sólo quedan por ver la luz dos títulos más), pero que no estoy muy segura de que sea el mejor acercamiento para los lectores que no hayan probado a leer nada suyo.

* Todos los entrecomillados del texto están extraídos del encuentro con Almudena Grandes que tuvo lugar el pasado viernes 26 de enero de 2018 en la librería Fábula de Alcorcón.

jueves, 14 de diciembre de 2017

Por encima de la lluvia


- (…) Yo creo que el pasado es un punto de fuga.
Un lugar a donde escapar cuando no quieres estar aquí.
Todo el mundo quiere estar en otra parte, ¿no te parece?
- (…) No todo el mundo necesita huir del presente.
- (…) Siempre estamos huyendo, desengáñate.
La diferencia, lo que nos convierte en viejos, es que nosotros huimos hacia atrás
 y los jóvenes huyen hacia delante.

2017 ha sido el año de mi descubrimiento de Víctor del Árbol (Barcelona, 1968). En realidad fue en algún momento del año pasado cuando llegué hasta él gracias a ‘La víspera de casi todo’ (Destino. 2016), un novelón soberbio que se hizo con el Premio Nadal en 2016 y tras cuya lectura me hice el firme propósito de seguir la pista muy de cerca a este autor, por lo que, a falta de nuevos títulos, durante este año me he leído la mayoría de sus novelas publicadas para caer definitivamente rendida ante su talento y su estilo narrativo.

Si algo caracteriza las historias de Víctor del Árbol es que son desgarradoras, arañando al lector al ponerle frente a lo peor de la condición humana: Venganzas, traiciones, asesinatos, prostitución, abusos, malos tratos… Sus novelas muestran el lado más sórdido de la vida a través de personajes atormentados por experiencias vitales que duelen pero que, tras asomarse al abismo, han decidido no rendirse y librar la batalla, por lo que hay que enfrentarse a ellas con cierto estómago porque su lectura no resulta amable y no se sale de ellas indemne.

Además del variado catálogo de anti-héroes que pueblan sus novelas, el otro punto fuerte de este escritor es su manera de narrar: todas sus historias están escritas como si de muñecas rusas se tratara, con argumentos que encierran absorbentes tramas unas dentro de otras, como si tuviéramos delante piezas de un puzzle que sólo encajarán al finalizar su lectura para ofrecernos una visión panorámica completa. Una manera compleja de presentarnos sus historias que denota un concienzudo trabajo previo por parte del autor para no dejar ningún cabo suelto ni dejar que el lector se pierda, aunque por momentos éste no tenga muy claro a dónde le conducirán todas esas fichas en apariencia independientes dispuestas sobre el tablero.

'Por encima de la lluvia' (Destino. 2017) narra la historia de dos ancianos que se conocen en la residencia en la que voluntariamente han decidido pasar la última etapa de sus vidas. A priori, ambos personajes no pueden ser más opuestos, pero comparten algo que hace que se complementen a la perfección: una pérdida traumática durante su infancia que ha marcado sus respectivas existencias y que ha hecho que cada uno enfrente su vida de manera radicalmente distinta al otro. Helena es una mujer que, tras recibir los más duros varapalos que una persona puede sufrir, se enfrenta a la vida con la osadía temeraria del que ya no tiene nada que perder. Por su parte, Miguel es un hombre en apariencia anodino que no se ha salido nunca del guión establecido y cuya máxima aspiración parece ser pasar desapercibido. Cuando se supone que ya no deben esperar nada más que la inexorable llegada de la muerte, ambos ancianos se embarcan en el último viaje de sus vidas para resolver sus respectivos asuntos pendientes con renovadas ansias de vivir.

Este último título es su novela menos negra, su propuesta menos oscura, su trama menos asfixiante, su historia más optimista, a pesar de que el autor sigue indagando en cuánto dolor es capaz de soportar el ser humano y como cada uno se enfrenta a él, en este caso desde la óptica de la vejez e introduciendo un elemento disruptor en la trama como es la pérdida de memoria de uno de los protagonistas, que me ha resultado tremendamente original ya que no recuerdo haber leído nada donde el alzheimer tenga un lugar principal en la historia.

Ya os digo que si Víctor del Árbol me atrapó con su anterior novela, y disfruté con la lectura de ‘La tristeza del samurai’ y ‘Un millón de gotas’ (sin que ninguna de las dos llegara a deleitarme como ‘La víspera de casi todo’) con su  último título ha terminado por convertirse en uno de mis escritores favoritos. 'Por encima de la lluvia' es sin duda su mejor obra. Un libro que alcanza el notable en mi calificación particular y que se cuela entre lo mejor que he leído este año. 

lunes, 27 de noviembre de 2017

Lo más reseñable de 2017


Un año de ausencia da para mucho. En este tiempo han pasado muchas cosas. Ha sido un año de despedidas voluntarias y de finales involuntarios, de marcharse y de dejar ir. Ha sido un año de afrontamiento, de asunción de realidades y consecuencias. De salir de la zona de confort para ir a parar al kilómetro cero de la onda expansiva. De armarse de valor y creer que, aún sin saber surfear, podría sumergirme en la ola sin salir demasiado mal parada. Como si detrás de una ola no fueran a venir más que te cogieran ya con las fuerzas mermadas.

En plena catarsis, y mientras cojo un poco de aire antes de seguir nadando o de que la siguiente ola me revuelque, aqui os dejo las mejores lecturas que han pasado por mis manos en este 2017 entre las que abundan las sagas familiares, algún thriller y una novela sobre la Guerra Civil española:

Todo esto te daré (Planeta. 2016)
A pesar de su éxito, a priori la trilogía del Baztan no me llama especialmente. Así que cuando este verano cayó en mis manos el último libro de Dolores Redondo (San Sebastián, 1969), lo único que sabía de la autora (y de su novela) era que se había hecho con la última edición del Premio Planeta y que una legión de seguidores la avalaba. En principio, una apuesta segura para las vacaciones.

Todo esto te daré narra la búsqueda de respuestas de Manuel, un escritor reconocido, cuyo marido acaba de fallecer en un accidente de tráfico a mil kilómetros de donde se suponía que debía estar. Y buscando respuestas que le ayuden a descubrir quién era la persona con la que compartía su vida y por qué se encontraba en una carretera comarcal gallega cuando debía estar en Barcelona, se encuentra con un misterio a cuya resolución dedicará todas sus energías con la ayuda de un guardia civil jubilado y un cura amigo de la familia del fallecido.

El punto de partida de esta historia me recordaba a ‘La isla de Alice’ de Daniel Sánchez Arévalo, curiosamente la novela ganadora del Premio Planeta el año pasado. Y aunque es verdad que la propuesta de Sánchez Arévalo me gustó más (podéis leer la reseña que le dediqué en su momento a través de este enlace), es innegable la capacidad de Dolores Redondo a la hora de construir historias que conquistan al público.

Aunque todo arranca con una muerte, y a pesar de que un halo de suspense sobrevuela sobre la historia, la novela está más cerca de ser una saga familiar (con una buena dosis de intriga eso sí, pero ¿qué familia no guarda secretos?) que un thriller. En este sentido, la narración no tiene un ritmo vertiginoso, más bien al contrario, se trata de una novela para saborear despacio, como una buena copa de vino, y sin que nos pueda el ansia por llegar al final, porque entonces se puede correr el riesgo de desesperar un poco.

A pesar de que a mí particularmente este ritmo pausado no me ha supuesto inconveniente alguno para disfrutar de la historia, sí reconozco que hacia la mitad de la novela la autora se pierde en un sinfín de páginas sobre viñas, bodegas y vino de la Ribeira Sacra, que se me hizo pesadísima y que, en mi opinión, no aportan nada a la trama. Pero una vez pasada esa parte, la novela vuelve a coger vuelo para llevarnos, sin prisa pero ya sin pausa, a conocer la verdad de una historia que me ha gustado más de lo que esperaba. Sin embargo, aunque se queda muy cerca, es la única de todas las lecturas de este post que no alcanza el notable.

Tierra sin hombres (Planeta. 2016)
Aunque todo el que me conoce sabe que ‘La voz dormida’ de Dulce Chacón es uno de mis libros de cabecera, no me había animado aún a leer nada de su hermana melliza. Por eso el descubrimiento de la última novela de Inma Chacón (Zafra, 1954), con su prosa delicada y le belleza de una historia en la que se mezclan los amores cruzados, las intrigas familiares y la novela costumbrista, supuso una deliciosa sorpresa para mí.

La trama  de Tierra sin hombres se circunscribe a la Galicia rural de principios del siglo XX, una tierra poblada de viudas sin muertos a los que enterrar ni tumbas en la que llorar, bien porque el mar se tragó a sus maridos o bien porque éstos marcharon a América a probar fortuna y nunca regresaron, que deben echarse a la espalda el peso de convertirse en el cabeza de familia en un tiempo en el que las mujeres, sobre todo si además no tenían estudios ni recursos, no tenían muchos más derechos que los animales que trabajan la tierra pero sí muchas más obligaciones.

Rosalía, es una de esas mujeres recias, una lechera que no dudará en pasar por encima de sus propias hijas para sacarlas adelante en esos años terribles de miseria y desesperanza y que, con sus acciones y omisiones, sembrará la tragedia en su familia.

Una historia preciosa con un regusto amargo protagonizada por tres mujeres valientes que, cada una a su manera, intentan coger las riendas de su vida para enfrentarse a lo que el destino tiene preparado para ellas. 

Una novela 100% recomendable, sobre todo para el público femenino, que me ha recordado un poco a algunos libros de Isabel Allende como ‘Retrato en sepia’ o ‘Hija de la fortuna’.

El libro de los Baltimore (Alfaguara. 2016)
Que Joël Dicker (Ginebra, 1985) decidiera recuperar a Marcus Goldman, el protagonista de 'La verdad sobre el caso Harry Quebert', para su siguiente novela, no significa que ésta sea continuación del anterior, ni siquiera su precuela. Y es que eso es todo lo que ambas novelas comparten: el protagonismo del joven escritor de best sellers Marcus Goldman y una cierta dosis de intriga que, que sin llegar a convertir la historia en un thriller, también está presente cada vez que se hace referencia al Drama que sacudió a su familia y que no nos será desvelado hasta el final de esta apasionante saga familiar.

El libro de los Baltimore narra la historia de los Goldman, pero de la rama familiar que vive en Baltimore (de ahí su nombre), y que a diferencia de los Goldman de Montclair parecen tener a la diosa fortuna siempre sonriéndoles: el idílico matrimonio formado por la atractiva tia Anita y su tio Saúl, un abogado de éxito vive en un lujoso apartamento, pasa sus vacaciones a todo tren en los Hamptons, tienen un hijo que es el cerebrito de la clase… Una existencia perfecta que tiene completamente deslumbrado al pequeño protagonista y que se ve trágica e inexplicablemente truncada cuando, al inicio de la novela, somos testigos de una llamada de su tío al ya joven Marcus informándole de que su primo está a punto de ir a la cárcel.  

La forma de escribir de Joël Dicker me tiene completamente cautivada. Porque reconozcámoslo: No poder dejar de leer una buena historia no tiene mucho mérito, narrativamente hablando. Claro que lo tiene, a ver si me explico: Cuando una historia es potente, su fuerza te arrastra aunque no esté bien contada. Pero Jöel Dicker consigue meterte de lleno en una historia que no es más que una sucesión de veranos en la vida de unos adolescentes con los que, ya os digo, no os vais a identificar y que sin embargo consiguen despertar sentimientos en el lector y querer conocerlo todo de ellos.

Un libro entretenidísimo que te hace retrotraerte hasta esos veranos de la adolescencia en la que las cuadrillas de amigos lo son todo, en los que cualquier experiencia se convierte en una aventura en toda regla, en los que pruebas las mieles del primer amor y en los que los desengaños, traiciones y decepciones se quedan marcados para siempre. Una propuesta que no tiene nada que ver con su anterior novela y que me ha gustado tanto o más que aquella (Os dejo aquí la reseña que le dediqué a 'La verdad sobre el caso Harry Quebert' para que comparéis).

Celia en la Revolución (Renacimiento. 2016)
Ya sabéis que para mí el tiempo se mide en la espera que transcurre entre que termino de leer lo último de Almudena Grandes y el momento en que la escritora saca nuevo libro. Y aunque en mi infancia disfruté enormemente leyendo la práctica totalidad de los aventuras protagonizadas por 'Celia', no esperaba que su creadora fuera una dignísima heredera (o precursora, mejor dicho) de los 'Episodios de una guerra interminable' de la (más) Grande(s).

En Celia en la revolución su protagonista se hace mayor para ofrecernos un testimonio inédito del drama de la vida cotidiana durante la Guerra Civil. Aquella niña bien del barrio de Salamanca que encandilaba a los lectores con su mezcla de inocencia y travesuras, se ve obligada ahora a hacer largas colas para conseguir alimentos, a huir de los bombardeos y a confiar en que los que la conocen no la delaten por ser hija de un republicano.

Elena Fortún (Madrid, 1886) acabó el manuscrito en 1943, por lo que la novela está escrita casi en tiempo real. La escritora no necesita documentarse sobre la guerra porque la vive en Madrid, Valencia o Albacete, las mismas ciudades por las que Celia va pasando en busca de sus hermanas, por lo que es más que probable que las páginas de 'Celia en la revolución' tengan más de realidad que de ficción.

“A la chita callando, Elena Fortún ha escrito la gran novela de la Guerra Civil” dice el escritor Andrés Trapiello en el prólogo de la obra. Y yo no puedo estar más de acuerdo con él. Porque aunque es verdad que se trata de un primer borrador, con su planteamiento, nudo y desenlace, pero un boceto que no ha sido pulido del todo, no es menos cierto que el valor de esta novela reside no tanto en su trama sino en lo que tiene de documento histórico reflejando la vida real en las ciudades durante la contienda como si de una crónica periodística se tratara. Para mí, una lectura imprescindible. 

Patria (Tusquets. 2016)
'Patria' ha sido sin duda el fenómeno literario de este año. No creo que quede nadie en este país que no haya leído la última novela de Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959). Y, como suele ocurrirme cada vez que veo el vagón de metro repleto de gente con el mismo libro en su regazo, recelé. 

Durante muchos meses evité conscientemente la que yo pensaba que sería una novela que destilaría moralina por sus lomos, repleta de estereotipos planos en la que los buenos serían muy buenos y los malos muy malos, y cuyo único mérito era (a mi prejuicioso entender) la oportunidad (no confundir con oportunismo) del momento en el que había irrumpido en el mercado editorial: Cuando el terror de ETA ya no nos duele (y una vez leída, sigo teniendo mis dudas acerca de si la novela hubiera tenido la misma acogida hace diez años).

Pero cuando, literalmente, me pusieron el último Premio Nacional de Narrativa (uno solo de los muchos galardones que ha recibido la novela) en las manos, tardé poco más de una semana en devorar sus casi 700 páginas (y eso que los primeros capítulos me costó entrar en la historia).

Y es que (Ouch! Ahí va el primer gatito muerto de la temporada) Patria es una novela que sorprende por muchos motivos:

- Porque aunque arranca el día que ETA anuncia el cese de la actividad armada, no es una novela política, sino que narra la vida cotidiana de dos familias en un pequeño pueblo del País Vasco a lo largo de los casi 40 años de actividad terrorista. Y esa es, a mi entender, la clave de su éxito: La sencillez, que no simpleza, de su propuesta. Aramburu no utiliza su libro para dar lecciones políticas, clases de ética y moral, ni historia del pueblo vasco. Aramburu no juzga. No valora. No sugiere. El escritor se centra en las pequeñas cosas de las que está hecho el día a día de estas dos familias para mostrarnos una imagen sin aditivos ni calificativos (o en palabras de la periodista Ana Pastor: “estos son los datos. Suyas son las conclusiones”).

- Porque aunque se trata de una novela coral en la que aparecen una decena de personajes, con un cuidado equilibrio de los capítulos que se dedican a cada uno de los miembros de ambas familias, para dar voz a todos los actores de lo que se dio en llamar “el conflicto vasco”, el peso de la trama recae indiscutiblemente en las dos madres.

- Porque a pesar del drama que subyace bajo esta historia y que queda maravillosamente reflejado en el personaje del Txato (un pequeño empresario que, una vez señalado por la banda criminal, no sólo se ve obligado a revisar los bajos de su coche y a cambiar diariamente de rutinas para dificultarles su macabro encargo a los terroristas, sino que se ve apartado de la vida de la comunidad cuando sus vecinos le dan la espalda), está escrita en un tono no abiertamente humorístico pero sí predominante simpático y hasta sarcástico en algunas ocasiones. ¿Sabes cuando tu cuñado te cuenta su última batallita y a ti solo te sale responder “vaya tela” mientras esbozas media sonrisa? Pues así.

En definitiva, una novela que debería ser de lectura obligatoria (a pesar de un par de detalles que me chirriaron un poco hacia el final de la novela pero que no desmerecen el conjunto de la historia). 

No soy un monstruo (Espasa. 2017)
Desde que supe que se había alzado con la última edición del Premio Primavera de Novela, un galardón que para mí supone garantía de éxito a la hora de leer historias con las que disfrutar entre sus premiados, y a pesar de las reticencias que me provocan los libros firmados por caras conocidas, tenía mucha curiosidad por leer la ópera prima de Carme Chaparro (Barcelona, 1973).

El sublime debut literario de la periodista catalana comienza con la desaparición de un niño en un centro comercial, un suceso que por sus características recuerda al secuestro de otro niño ocurrido un par de años atrás, un caso que conmocionó a la opinión pública y cuyo autor consiguió burlar a la policía hasta el punto de que a fecha de hoy nada se sabe ni del niño ni de su secuestrador.

No soy un monstruo está protagonizada por la inspectora responsable de la investigación, que fue también la encargada de llevar el caso del primer menor desaparecido, y una periodista de sucesos que se hizo muy conocida precisamente tras publicar un libro relativo a aquel mediático secuestro. 

Quien más y quien menos ha entrado en pánico momentáneamente cuando su hijo o sobrino ha desaparecido de su campo de visión en cuestión de un segundo. En mi caso, el terror a que Nico se pierda llega a tal extremo que, desde que aprendió a andar, no me he atrevido a ir con él al Rastro u otros lugares especialmente concurridos y no tengo previsto llevarle a conocer Cortilandia antes de que cumpla 18 años y sea un tiarrón que me saque dos cabezas al que pueda divisar de lejos entre la muchedumbre, por lo que la historia me enganchó desde el mismo comienzo.

Pero es que además está contada de una manera ágil y visual que no da tregua. Os prometo que más de una vez me descubrí a mí misma conteniendo la respiración mientras leía. Y son absolutamente impagables las apariciones de la anciana ‘camello’ para romper la tensión argumental y soltar alguna carcajada antes de seguir buceando en la historia.

Si os gustan los thrillers no os podéis perder esta trepidante historia con uno de los arranques más impactantes que yo haya leído nunca, y cuyo final os dejará clavados en el asiento.

martes, 22 de marzo de 2016

Pan de limón con semillas de amapola


INGREDIENTES:
2 limones rallados del árbol de la abuela Nerea.
30 gr de semillas de amapola.
350 gr de harina integral.
200 gr de azúcar moreno.
250 ml de leche entera.
200 gr de mantequilla.
3 huevos.
1 sobre de levadura en polvo.
1 cucharadita de sal.

PREPARACIÓN:
Mezcla la harina, la levadura y la sal. 
Bate por separado los huevos, el azúcar moreno y la ralladura de limón.
Cuando esté bien batido añade la leche. Derrite a fuego lento la mantequilla
 e incorpórala a la mezcla húmeda poco a poco mientras bates.
Una vez hayas conseguido una masa uniforme, agrega la mezcla seca.
Por último, mezcla las semillas se amapola con la masa, entreteniéndote sin prisas.
Introduce el bizcocho en el horno precalentado a 180º C durante una hora.

Probablemente porque podría alimentarme única y exclusivamente de pan lo que me queda de vida, ya sea en su versión más tradicional o en cualquiera de las múltiples  y refinadas variedades que se pueden encontrar en las modernas panaderías que se han dado en llamar "boutiques de pan" y que de un tiempo a esta parte han ido surgiendo como setas en la mayoría de las ciudades españolas, pocos títulos me han resultado tan evocadores y apetecibles como Pan de limón con semillas de amapola (Planeta. 2016). 

Eso unido a su portada, sencilla, delicada, femenina, convirtieron en un auténtico flechazo mi primer encuentro casual con este libro del que no tenía la más mínima referencia previa.

La primera novela de Cristina Campos (Barcelona, 1975) narra la historia de dos hermanas cuyas vidas, separadas en la adolescencia, han tomado rumbos bien distintos. Marina, tras salir del hogar familiar en Mallorca, ha ido dando tumbos por el mundo con mayor o menor éxito hasta llegar a Médicos sin Fronteras, donde es la responsable de una misión humanitaria en Etiopia y donde parece haber encontrado a su verdadera familia. Por su parte, Anna, que nunca ha salido de la isla, ve como su matrimonio se agota al mismo tiempo que el dinero de su marido, un empresario al que sus malas prácticas y la crisis económica han dejado sin blanca. Una inesperada herencia por parte de una desconocida obrará el reencuentro de ambas hermanas mientras intentan descubrir quién era Dolores Molí y por qué les ha legado su tahona y su molino.

Pan de limón con semillas de amapola está escrita con un estilo ágil y tremendamente visual que te mete en la historia desde el mismo comienzo y que hace que sus poco más de cuatrocientas páginas se lean en un santiamén.

Se trata de una novela que desprende una gran sensibilidad, por cuyas páginas desfilan los diferentes tipos de amor (el primer amor, el fraternal, el matrimonio, el materno-filial...) y bajo la que subyacen las diversas formas de enfrentarse a la maternidad.

Del mismo modo que la sola mención de su título despierta en mí el característico olor a pan recién hecho mezclado con un toque dulce, un punto ácido y un pellizquito salado, el resultado de Pan de limón con semillas de amapola es una historia que mezcla, en su justa dosis, el misterio, con la saga familiar y la chick-lit y que me ha gustado muchísimo.

En definitiva, una novela aparentemente sencilla, en la que se entremezclan temas complejos, perfecta para leer en cualquier momento y lugar y que encantará sobre todo al público femenino, por lo que la puntúo con un notable.

lunes, 29 de febrero de 2016

La isla de Alice


Si no hubiese tenido el accidente, habría llegado a casa justo a la hora que decía. 
Así que, desde donde fuera que me llamó se aseguró de estar a la misma distancia que hay desde Yale hasta Providence: 170 kilómetros. 
Volví a echar mano del mapa. 
Desde el lugar del accidente hasta casa hay 67 kilómetros. 
Así que llevaba conduciendo en torno a 90 kilómetros.  
Usando esa distancia como referencia tracé un radio desde el río Weweantic
 en dirección contraria a casa, hacia el este, para determinar desde dónde 
era lo más lejos que podría haber conducido. (...) 170 kilometros hacia el este. 
Eso practicamente abarcaba cualquier rincón de la parte oriental del Estado
 de Massachusetts, incluyendo Boston y practicamente todo Cape Cod.
 ¿No querías piezas de puzzle? Toma piezas de puzzle.

Los que sois asiduos al blog sabeis que no suelo tener en cuenta el palmarés de ningún certamen literario a la hora de elegir mis lecturas y que si hay un premio al que le tengo especial inquina éste es el Planeta. Sin embargo, desde el mismo momento que se anunció que la primera novela de Daniel Sanchez Arévalo (Madrid, 1970) era finalista de la última edición de estos galardones, y sin saber absolutamente nada acerca de su argumento, me picó la curiosidad de tal modo que leer La isla de Alice (Planeta. 2015) se convirtió para mí en una obsesión, como la que muy pronto descubriría que consume a la protagonista de esta historia.

Cuando su marido muere en un accidente de coche, en el otro extremo del lugar en el que se supone que debía estar, la vida de Alice se tambalea. ¿Qué hacía Chris en ese lugar? ¿Tenía una aventura amorosa? ¿Era su perfecta vida matrimonial un espejismo? Para tratar de averiguar el secreto que escondía su marido, Alice reconstruye su último viaje, gracias a las cámaras de seguridad de los establecimientos por los que pasó el coche de su marido en ese trayecto mortal. Un itinerario que le lleva hasta Robin Island, una pequeña isla en la que todos sus habitantes se conocen pero de la que Chris nunca le habló. ¿Qué puede haber allí que fuera tan importante para su difunto marido y que justificara su mentira?

Me resulta muy difícil, por no decir completamente imposible clasificar esta novela, lo cual no significa que no me haya gustado. Al revés. He devorado las más de 600 páginas de las que consta, pero no consigo encuadrar la historia dentro de ningún género literario. El caso es que si lo pienso tampoco me resulta fácil clasificar las películas de Sánchez Arévalo, asi que supongo que es lógico que me ocurra lo mismo con su primera novela. Quizá sea que la obra (cinematográfica y literaria) de nuestro Woody Allen patrio no es más (ni menos) que trocitos de vida y la vida es inclasificable, con sus series de catastróficas desdichas de las que pasado el tiempo conseguimos reirnos y con sus momentos felices que acaban por hacernos llorar amargamente. La vida. Con sus contradicciones. Su sinsentido. Sus puñaladas traperas. La puta vida.

Lo primero que llama la atención de La isla de Alice es que esté protagonizada por una mujer. O mejor dicho, que Sánchez Arévalo haya sido capaz de dar vida a un personaje femenino tan bien dibujado, tan creíble. Sin embargo confieso que en numerosos momentos de monólogo interno de Alice, su voz se tornaba la de Quim Gutiérrez en cualquiera de sus intervenciones en 'Primos' (sin duda de lo mejorcito que nos deja el cine español en la última década), aunque reconozco que personalmente eso no me ha supuesto ningún problema y que como cuando aprendes a meditar en yoga, simplemente lo he aceptado y lo he dejado ir (con una gran sonrisa en mis labios).

Otro de los personajes que sorprende, es el de Olivia, la hija de la protagonista, quizá por resultar el contrapunto sensato (¿sensato? ¿Una niña de 6 años con neurosis obsesiva?) a la obsesión de su madre. Una auténtica joyita.

El hecho de que transcurra en una localidad costera estadounidense pensé que lo iba a extrañar bastante más de lo que en realidad lo hizo que es nada. A ver cómo lo explico porque en realidad es contradictorio: Cuando leo las novelas de Juan Gómez Jurado (por poner un ejemplo de escritor que suele sitúar sus historias al otro lado del charco) con ese tono pulcro y aséptico que podría estar sacado perfectamente de un guión hollywoodiense, tengo que estar recordándome que la pluma es española, y en ocasiones suspiro por algún guiño al adn cañí del autor. Sin embargo, en el caso de Alice, su forma de hablar y de actuar es tan genuinamente española que aunque lo normal seria que chirriara en el contexto en el que se sitúa, en mi opinión se integra maravillosamente bien.

Cuando termino de leer una novela, el cuerpo me pide estar un día entero sin leer nada, dejando que se asienten las sensaciones que cada historia provoca en mí. 24 horas de ayuno literario transcurridas las cuales me lanzo como una posesa a buscar toda la información que no quise conocer antes de leer el libro en cuestión (entrevistas con el autor, reseñas de otros lectores, etc.), para ver si mis impresiones son sólo mías o las comparte alguien más. He leído que con esta novela el escritor ha querido retratar el estilo de vida de la clase media-alta americana, algo con lo que no estoy en absoluto de acuerdo porque ya os digo que en Alice se adivina un modus operandi bastante quijotesco; que le sobran de 200 a 300 páginas y toda una comunidad de personajes secundarios innecesarios (es la primera vez que oigo que el hecho de que un escritor se haya currado todo un universo alrdedor del personaje principal sea considerado como algo negativo. Vamos que es como si alguien dijera que a "El señor de los anillos" le sobran reinos y que Frodo no tendría que haber dado tanto rodeo para deshacerse del maldito anillo), y que a ver cómo resuelve la complejidad de todo lo que ha plasmado en la novela en una hipotética película de la que llegan a repartir los personajes principales entre los actores fetiche del director (Daniel, no lo hagas, no caigas en la tentanción de convertir La isla de Alice en una película. Regálanos nuevas historias en las que sumergirnos en el formato que consideres oportuno, pero deja que ésta sólo genere imágenes en nuestra imaginación).

En definitiva una novela adictiva y llena de maravillosas contradicciones que no puedes dejar de leer y que se queda muy cerca del sobresaliente en mi ranking de puntuaciones. Recomendable para cualquier tipo de lector sea cual sea el momento. Espero que la llegada de Sánchez Arévalo al mundo de la literatura no sea algo circunstancial y que a partir de ahora compagine su faceta de director de cine  con la de escritor, porque desde luego yo ya le he hecho un hueco en mi estantería.