martes, 3 de noviembre de 2015

Un jardín al norte


"(...) Con Beigbeder es diferente es diferente.
Reconozco que solo lo he visto una vez y demasiado brevemente,
pero sentí esa certeza recorrerme por completo.
Es más que un hombre para mí. Es más que una aventura.
Es más que una causa por la cual luchar para agradar y satisfacer a mi nación.
Es mi vida. Es el amor de mi vida".

Hay vidas que parecen sacadas de la mejor de las novelas. Personas que tienen el don de estar en el lugar apropiado en el momento preciso, la capacidad de relacionarse con los personajes clave del momento y la habilidad de transformarse ante las adversidades reinventándose una y mil veces. Es el caso de Rosalind Fox, espía británica (aunque ella siempre lo negara) y amante del Ministro de Asuntos Exteriores del primer gobierno de Franco, José Luis Beigbeder, a la que la mayoría conocimos gracias a "El tiempo entre costuras" (María Dueñas. Editorial Planeta).

Pero éste también podría ser el caso de Boris Izaguirre (Caracas, 1965), el que fuera fenómeno mediático hace ya casi 20 años por enseñarnos sus intimidades en late-night, hoy reconvertido en escritor de prestigio (amén de gurú de la elegancia y el saber estar). Porque no nos engañemos: Podemos tener todos los prejuicios que queramos con respecto al oficio de escritor del venezolano, pero que existiendo ya unas memorias escritas por la propia señora Fox éste haya tenido la osadia de escribir una novela en primera persona sobre ella y haya salido bien parado (y con bien parado no me refiero sólo a que esa primera persona suene creíble, que también, sino a que nos olvidemos de que la pluma que está detrás es la de alguien tan fácilmente identificable como Boris) no significa más (ni menos) que no nos encontramos ante otro personaje conocido metido a junta-letras.

Un jardín al norte (Planeta. 2014) comienza en la década de los años 20 en el condado británico de Kent, donde conocemos la soledad de la pequeña Rosalind, recluída en un internado para señoritas tras la separación de sus padres. Somos partícipes de sus primeros encargos como espía cuando una Rosalind ya adolescente se marcha a vivir a la India colonial con su padre. Somos testigos de su prematura boda con un hombre que la llevará a conocer las mieles del primer amor y la maternidad, y la hiel de la traición, el engaño y la decepción. Y cuando los peores augurios se ciernen sobre la frágil Rosalind, la veremos renacer convertida en toda una heroína. Así, asistiremos a los Juegos Olímpicos de Berlín en los prolegómenos del nazismo donde conocerá a su gran amor y estaremos presentes en Estoril en el momento del accidente de aviación que causó la muerte al General Sanjurjo. Pero sobre todo conoceremos la lucha interior de la protagonista entre llevar a cabo la misión que le han encomendado o entregarse al amor de su vida.

A pesar de que la protagonista indiscutible es Rosalind, si tuviera que quedarme con un personaje de Un jardín al norte, sería con Zahid, su fiel criado, porque creo que encarna todo lo que no encontrará en los hombres de su vida (Beigbeder incluído): la lealtad de un amigo, los desvelos de un padre, el cariño de un esposo. Y si tuviera que quedarme con un escenario ése sería Calcuta, pero también me ha encantado disfrutar de ese oasis de tranquilidad que era el suntuoso jardín de Tánger y, sobre todo, escandalizar a la mojigata sociedad española de la época.

Sin embargo, me resulta difícil clasificar esta novela, ya que si bien tiene una importante carga romántica, es quizá la parte de la historia que menos creíble me ha resultado: Desconozco si sucedió así en la realidad o es cosa del autor, pero la novela pasa de puntillas por el proceso de enamoramiento entre Rosalind y Beigbeder, pasando de un primer encuentro más bien soso, o simplemente cortés, a un intercambio de cartas excesivamente pasional en el que se descubren mutuamente como almas gemelas, por lo que me ha costado bastante entrar en su historia de amor. Del mismo modo, y a pesar de las misiones que debe llevar a cabo Rosalind no estamos ante una historia de espías, sino que más bien diría que se trata de una novela de aventuras que transcurre en un periodo apasionante de la Historia que abarca la Primera Guerra Mundial, la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial.

Lo que sí tengo claro es que se trata de una novela que me ha resultado muy entretenida y que pone de manifiesto el talento de Boris como escritor. Por ello se queda muy cerquita del notable en mi calificación personal y te la recomiendo si te quedaste con ganas de más después de leer "El tiempo entre costuras".

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