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lunes, 27 de noviembre de 2017

Lo más reseñable de 2017


Un año de ausencia da para mucho. En este tiempo han pasado muchas cosas. Ha sido un año de despedidas voluntarias y de finales involuntarios, de marcharse y de dejar ir. Ha sido un año de afrontamiento, de asunción de realidades y consecuencias. De salir de la zona de confort para ir a parar al kilómetro cero de la onda expansiva. De armarse de valor y creer que, aún sin saber surfear, podría sumergirme en la ola sin salir demasiado mal parada. Como si detrás de una ola no fueran a venir más que te cogieran ya con las fuerzas mermadas.

En plena catarsis, y mientras cojo un poco de aire antes de seguir nadando o de que la siguiente ola me revuelque, aqui os dejo las mejores lecturas que han pasado por mis manos en este 2017 entre las que abundan las sagas familiares, algún thriller y una novela sobre la Guerra Civil española:

Todo esto te daré (Planeta. 2016)
A pesar de su éxito, a priori la trilogía del Baztan no me llama especialmente. Así que cuando este verano cayó en mis manos el último libro de Dolores Redondo (San Sebastián, 1969), lo único que sabía de la autora (y de su novela) era que se había hecho con la última edición del Premio Planeta y que una legión de seguidores la avalaba. En principio, una apuesta segura para las vacaciones.

Todo esto te daré narra la búsqueda de respuestas de Manuel, un escritor reconocido, cuyo marido acaba de fallecer en un accidente de tráfico a mil kilómetros de donde se suponía que debía estar. Y buscando respuestas que le ayuden a descubrir quién era la persona con la que compartía su vida y por qué se encontraba en una carretera comarcal gallega cuando debía estar en Barcelona, se encuentra con un misterio a cuya resolución dedicará todas sus energías con la ayuda de un guardia civil jubilado y un cura amigo de la familia del fallecido.

El punto de partida de esta historia me recordaba a ‘La isla de Alice’ de Daniel Sánchez Arévalo, curiosamente la novela ganadora del Premio Planeta el año pasado. Y aunque es verdad que la propuesta de Sánchez Arévalo me gustó más (podéis leer la reseña que le dediqué en su momento a través de este enlace), es innegable la capacidad de Dolores Redondo a la hora de construir historias que conquistan al público.

Aunque todo arranca con una muerte, y a pesar de que un halo de suspense sobrevuela sobre la historia, la novela está más cerca de ser una saga familiar (con una buena dosis de intriga eso sí, pero ¿qué familia no guarda secretos?) que un thriller. En este sentido, la narración no tiene un ritmo vertiginoso, más bien al contrario, se trata de una novela para saborear despacio, como una buena copa de vino, y sin que nos pueda el ansia por llegar al final, porque entonces se puede correr el riesgo de desesperar un poco.

A pesar de que a mí particularmente este ritmo pausado no me ha supuesto inconveniente alguno para disfrutar de la historia, sí reconozco que hacia la mitad de la novela la autora se pierde en un sinfín de páginas sobre viñas, bodegas y vino de la Ribeira Sacra, que se me hizo pesadísima y que, en mi opinión, no aportan nada a la trama. Pero una vez pasada esa parte, la novela vuelve a coger vuelo para llevarnos, sin prisa pero ya sin pausa, a conocer la verdad de una historia que me ha gustado más de lo que esperaba. Sin embargo, aunque se queda muy cerca, es la única de todas las lecturas de este post que no alcanza el notable.

Tierra sin hombres (Planeta. 2016)
Aunque todo el que me conoce sabe que ‘La voz dormida’ de Dulce Chacón es uno de mis libros de cabecera, no me había animado aún a leer nada de su hermana melliza. Por eso el descubrimiento de la última novela de Inma Chacón (Zafra, 1954), con su prosa delicada y le belleza de una historia en la que se mezclan los amores cruzados, las intrigas familiares y la novela costumbrista, supuso una deliciosa sorpresa para mí.

La trama  de Tierra sin hombres se circunscribe a la Galicia rural de principios del siglo XX, una tierra poblada de viudas sin muertos a los que enterrar ni tumbas en la que llorar, bien porque el mar se tragó a sus maridos o bien porque éstos marcharon a América a probar fortuna y nunca regresaron, que deben echarse a la espalda el peso de convertirse en el cabeza de familia en un tiempo en el que las mujeres, sobre todo si además no tenían estudios ni recursos, no tenían muchos más derechos que los animales que trabajan la tierra pero sí muchas más obligaciones.

Rosalía, es una de esas mujeres recias, una lechera que no dudará en pasar por encima de sus propias hijas para sacarlas adelante en esos años terribles de miseria y desesperanza y que, con sus acciones y omisiones, sembrará la tragedia en su familia.

Una historia preciosa con un regusto amargo protagonizada por tres mujeres valientes que, cada una a su manera, intentan coger las riendas de su vida para enfrentarse a lo que el destino tiene preparado para ellas. 

Una novela 100% recomendable, sobre todo para el público femenino, que me ha recordado un poco a algunos libros de Isabel Allende como ‘Retrato en sepia’ o ‘Hija de la fortuna’.

El libro de los Baltimore (Alfaguara. 2016)
Que Joël Dicker (Ginebra, 1985) decidiera recuperar a Marcus Goldman, el protagonista de 'La verdad sobre el caso Harry Quebert', para su siguiente novela, no significa que ésta sea continuación del anterior, ni siquiera su precuela. Y es que eso es todo lo que ambas novelas comparten: el protagonismo del joven escritor de best sellers Marcus Goldman y una cierta dosis de intriga que, que sin llegar a convertir la historia en un thriller, también está presente cada vez que se hace referencia al Drama que sacudió a su familia y que no nos será desvelado hasta el final de esta apasionante saga familiar.

El libro de los Baltimore narra la historia de los Goldman, pero de la rama familiar que vive en Baltimore (de ahí su nombre), y que a diferencia de los Goldman de Montclair parecen tener a la diosa fortuna siempre sonriéndoles: el idílico matrimonio formado por la atractiva tia Anita y su tio Saúl, un abogado de éxito vive en un lujoso apartamento, pasa sus vacaciones a todo tren en los Hamptons, tienen un hijo que es el cerebrito de la clase… Una existencia perfecta que tiene completamente deslumbrado al pequeño protagonista y que se ve trágica e inexplicablemente truncada cuando, al inicio de la novela, somos testigos de una llamada de su tío al ya joven Marcus informándole de que su primo está a punto de ir a la cárcel.  

La forma de escribir de Joël Dicker me tiene completamente cautivada. Porque reconozcámoslo: No poder dejar de leer una buena historia no tiene mucho mérito, narrativamente hablando. Claro que lo tiene, a ver si me explico: Cuando una historia es potente, su fuerza te arrastra aunque no esté bien contada. Pero Jöel Dicker consigue meterte de lleno en una historia que no es más que una sucesión de veranos en la vida de unos adolescentes con los que, ya os digo, no os vais a identificar y que sin embargo consiguen despertar sentimientos en el lector y querer conocerlo todo de ellos.

Un libro entretenidísimo que te hace retrotraerte hasta esos veranos de la adolescencia en la que las cuadrillas de amigos lo son todo, en los que cualquier experiencia se convierte en una aventura en toda regla, en los que pruebas las mieles del primer amor y en los que los desengaños, traiciones y decepciones se quedan marcados para siempre. Una propuesta que no tiene nada que ver con su anterior novela y que me ha gustado tanto o más que aquella (Os dejo aquí la reseña que le dediqué a 'La verdad sobre el caso Harry Quebert' para que comparéis).

Celia en la Revolución (Renacimiento. 2016)
Ya sabéis que para mí el tiempo se mide en la espera que transcurre entre que termino de leer lo último de Almudena Grandes y el momento en que la escritora saca nuevo libro. Y aunque en mi infancia disfruté enormemente leyendo la práctica totalidad de los aventuras protagonizadas por 'Celia', no esperaba que su creadora fuera una dignísima heredera (o precursora, mejor dicho) de los 'Episodios de una guerra interminable' de la (más) Grande(s).

En Celia en la revolución su protagonista se hace mayor para ofrecernos un testimonio inédito del drama de la vida cotidiana durante la Guerra Civil. Aquella niña bien del barrio de Salamanca que encandilaba a los lectores con su mezcla de inocencia y travesuras, se ve obligada ahora a hacer largas colas para conseguir alimentos, a huir de los bombardeos y a confiar en que los que la conocen no la delaten por ser hija de un republicano.

Elena Fortún (Madrid, 1886) acabó el manuscrito en 1943, por lo que la novela está escrita casi en tiempo real. La escritora no necesita documentarse sobre la guerra porque la vive en Madrid, Valencia o Albacete, las mismas ciudades por las que Celia va pasando en busca de sus hermanas, por lo que es más que probable que las páginas de 'Celia en la revolución' tengan más de realidad que de ficción.

“A la chita callando, Elena Fortún ha escrito la gran novela de la Guerra Civil” dice el escritor Andrés Trapiello en el prólogo de la obra. Y yo no puedo estar más de acuerdo con él. Porque aunque es verdad que se trata de un primer borrador, con su planteamiento, nudo y desenlace, pero un boceto que no ha sido pulido del todo, no es menos cierto que el valor de esta novela reside no tanto en su trama sino en lo que tiene de documento histórico reflejando la vida real en las ciudades durante la contienda como si de una crónica periodística se tratara. Para mí, una lectura imprescindible. 

Patria (Tusquets. 2016)
'Patria' ha sido sin duda el fenómeno literario de este año. No creo que quede nadie en este país que no haya leído la última novela de Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959). Y, como suele ocurrirme cada vez que veo el vagón de metro repleto de gente con el mismo libro en su regazo, recelé. 

Durante muchos meses evité conscientemente la que yo pensaba que sería una novela que destilaría moralina por sus lomos, repleta de estereotipos planos en la que los buenos serían muy buenos y los malos muy malos, y cuyo único mérito era (a mi prejuicioso entender) la oportunidad (no confundir con oportunismo) del momento en el que había irrumpido en el mercado editorial: Cuando el terror de ETA ya no nos duele (y una vez leída, sigo teniendo mis dudas acerca de si la novela hubiera tenido la misma acogida hace diez años).

Pero cuando, literalmente, me pusieron el último Premio Nacional de Narrativa (uno solo de los muchos galardones que ha recibido la novela) en las manos, tardé poco más de una semana en devorar sus casi 700 páginas (y eso que los primeros capítulos me costó entrar en la historia).

Y es que (Ouch! Ahí va el primer gatito muerto de la temporada) Patria es una novela que sorprende por muchos motivos:

- Porque aunque arranca el día que ETA anuncia el cese de la actividad armada, no es una novela política, sino que narra la vida cotidiana de dos familias en un pequeño pueblo del País Vasco a lo largo de los casi 40 años de actividad terrorista. Y esa es, a mi entender, la clave de su éxito: La sencillez, que no simpleza, de su propuesta. Aramburu no utiliza su libro para dar lecciones políticas, clases de ética y moral, ni historia del pueblo vasco. Aramburu no juzga. No valora. No sugiere. El escritor se centra en las pequeñas cosas de las que está hecho el día a día de estas dos familias para mostrarnos una imagen sin aditivos ni calificativos (o en palabras de la periodista Ana Pastor: “estos son los datos. Suyas son las conclusiones”).

- Porque aunque se trata de una novela coral en la que aparecen una decena de personajes, con un cuidado equilibrio de los capítulos que se dedican a cada uno de los miembros de ambas familias, para dar voz a todos los actores de lo que se dio en llamar “el conflicto vasco”, el peso de la trama recae indiscutiblemente en las dos madres.

- Porque a pesar del drama que subyace bajo esta historia y que queda maravillosamente reflejado en el personaje del Txato (un pequeño empresario que, una vez señalado por la banda criminal, no sólo se ve obligado a revisar los bajos de su coche y a cambiar diariamente de rutinas para dificultarles su macabro encargo a los terroristas, sino que se ve apartado de la vida de la comunidad cuando sus vecinos le dan la espalda), está escrita en un tono no abiertamente humorístico pero sí predominante simpático y hasta sarcástico en algunas ocasiones. ¿Sabes cuando tu cuñado te cuenta su última batallita y a ti solo te sale responder “vaya tela” mientras esbozas media sonrisa? Pues así.

En definitiva, una novela que debería ser de lectura obligatoria (a pesar de un par de detalles que me chirriaron un poco hacia el final de la novela pero que no desmerecen el conjunto de la historia). 

No soy un monstruo (Espasa. 2017)
Desde que supe que se había alzado con la última edición del Premio Primavera de Novela, un galardón que para mí supone garantía de éxito a la hora de leer historias con las que disfrutar entre sus premiados, y a pesar de las reticencias que me provocan los libros firmados por caras conocidas, tenía mucha curiosidad por leer la ópera prima de Carme Chaparro (Barcelona, 1973).

El sublime debut literario de la periodista catalana comienza con la desaparición de un niño en un centro comercial, un suceso que por sus características recuerda al secuestro de otro niño ocurrido un par de años atrás, un caso que conmocionó a la opinión pública y cuyo autor consiguió burlar a la policía hasta el punto de que a fecha de hoy nada se sabe ni del niño ni de su secuestrador.

No soy un monstruo está protagonizada por la inspectora responsable de la investigación, que fue también la encargada de llevar el caso del primer menor desaparecido, y una periodista de sucesos que se hizo muy conocida precisamente tras publicar un libro relativo a aquel mediático secuestro. 

Quien más y quien menos ha entrado en pánico momentáneamente cuando su hijo o sobrino ha desaparecido de su campo de visión en cuestión de un segundo. En mi caso, el terror a que Nico se pierda llega a tal extremo que, desde que aprendió a andar, no me he atrevido a ir con él al Rastro u otros lugares especialmente concurridos y no tengo previsto llevarle a conocer Cortilandia antes de que cumpla 18 años y sea un tiarrón que me saque dos cabezas al que pueda divisar de lejos entre la muchedumbre, por lo que la historia me enganchó desde el mismo comienzo.

Pero es que además está contada de una manera ágil y visual que no da tregua. Os prometo que más de una vez me descubrí a mí misma conteniendo la respiración mientras leía. Y son absolutamente impagables las apariciones de la anciana ‘camello’ para romper la tensión argumental y soltar alguna carcajada antes de seguir buceando en la historia.

Si os gustan los thrillers no os podéis perder esta trepidante historia con uno de los arranques más impactantes que yo haya leído nunca, y cuyo final os dejará clavados en el asiento.

jueves, 26 de febrero de 2015

Desde la noche y la niebla: Mujeres en las cárceles franquistas


"Compañera, sabemos que te han maltratado bárbaramente.
En nombre de todas te saludamos.
Mientras estés incomunicada, la misma compañera que te ha pasado este saludo 
seguirá en relación contigo. Dinos si necesitas sacar algún recado a la calle.
Haremos lo que esté a nuestro alcance por ayudarte.
Toda la prisión está llena. Resiste. Aqui también luchamos".

Dice Almudenas Grandes en el prólogo de Desde la noche y la niebla: Mujeres en las cárceles franquistas (Horas y horas. 2012) que cuando salió publicado por primera vez,  éste era un libro necesario. Hoy, casi 40 años después de su primera edición, y en parte gracias a las novelas de la Grandes y, anteriormente, a 'La voz dormida' de Dulce Chacón, quizá su lectura no sea tan necesaria para entender el horror de la realidad carcelaria del franquismo, pero sin duda se trata de un testimonio ineludible si lo que se pretende es conocer de primera mano la historia de una de aquel millón de presos políticos que llegaron a estar encerrados en cualquiera de las numerosas prisiones que brotaron como setas en la España de posguerra.

Desde la noche y la niebla, que ya desde su título hace referencia a la desaparición forzada de personas por parte del régimen nazi, es la historia de los últimos días de la contienda en un Madrid que nunca se rindió, sino que fue entregado a Franco por la Junta del General Casado; de la estampida de miles de republicanos hacia Alicante con la esperanza de ser rescatados por barcos de la Sociedad General de Naciones; de cómo sus ilusiones se rompieron en pedazos cuando el puerto de Alicante se convirtió en una ratonera en la que cientos de familias fueron separadas y no camino de la libertad precisamente; del hambre que les arañaba las tripas cuando les deportaron a los campos de concentración (porque sí, en España también los hubo); de las lamentables condiciones del viaje en tren que las trajo de regreso a Madrid para ser identificados y encarcelados; del hacinamiento de aquella masa despersonalizada de mujeres que pugnaban por una baldosa en las celdas, los patios y hasta las escaleras de la cárcel de Ventas en la que poder estirar sus maltrechos cuerpos; de la brutalidad de las torturas que sufrieron en los sótanos de Gobernación; de las humillaciones a las que las sometieron las monjas y funcionarias; de los juicios sumarísimos basados en pruebas falsas y con abogados defensores que ni siquiera conocían a sus defendidas, y de su dignidad ante los pelotones de fusilamiento frente a las tapias del cementerio del Este. 

Pero sobre todo es la historia de la red de solidaridad que se tejió entre las presas, compartiendo los raquíticos paquetes que sólo a costa de privarse ellos de comer podían hacerles llegar sus familiares desde el exterior, promoviendo huelgas de hambre para conseguir mejoras en las condiciones de los niños tiñosos que vivían en la galería de madres, o convirtiéndose en las manos de una condenada a muerte a la que un terror paralizante impide siquiera vestirse la noche en la que la van a meter en capilla.

Lo que no es este libro es una novela auto-biográfica, ya que de su autora toma distancia de su propia vivencia utilizando la tercera persona y desfigurando algunos hechos para no dar a conocer su identidad, ya que cuando la novela fue escrita, Juana Doña (Madrid, 1918- Barcelona, 2003) estaba de nuevo incorporada a la lucha clandestina. Así, por ejemplo en la novela no encontramos una sola referencia a la mediación de Eva Perón para conmutarle la pena de muerte por una condena de treinta años. Pero que nadie se piense que las trescientaypico páginas que conforman Desde la noche y la niebla son producto de la imaginación de la autora, ya que como ella misma la definió estamos ante una novela-testimonio: La Leonor del relato es en esencia Juana Doña (una jovencísima comunista madrileña cuyo marido, dirigente de las Juventudes Socialistas Unificadas, será fusilado en los primeros años de la posguerra, y cuya propia condena a muerte será conmutada por una condena de 30 años de los cuales cumplirá 18 en diferentes prisiones españolas) pero su voz es la de las miles de presas políticas con las que compartió encierro en Ventas, Segovia, Guadalajara o Alcalá de Henares.

No sé si es debido a la falta de oficio de la autora o que a fuerza de leer tanto sobre el mismo tema al final una acaba "insensibilizándose", pero lo cierto es que no he conseguido sentir como propio el sufrimiento de Leonor, sus desventuras no me han mantenido pegada al sofá ni he notado ese pellizco en el estómago fruto de la rabia ante la crudeza de los hechos relatados que sí he sentido al leer las novelas mencionadas más arriba.

Sin embargo, y pese a que la calidad literaria del texto pueda no satisfacer a los lectores más exigentes, voy a calificar con un notable a esta novela por su innegable valor histórico a la hora de dar testimonio de la brutal represión que sufrieron miles de mujeres, en muchos casos por el único delito de mantenerse leales a la legalidad democrática.

miércoles, 23 de julio de 2014

Las tres bodas de Manolita




"(...) Quedaban sus palabras, adiós, que tengáis suerte, adiós, te quiero más que nunca,
adiós, me voy con la alegría de haberte conocido, 
adiós, habla a mis hijos de mí, de las ideas por las que voy a morir, 
adiós, busca a un buen hombre, cásate con él y sé feliz, pero no me olvides, 
adiós, mi amor, cuánto te he querido y qué poco tiempo hemos tenido para estar juntos, 
adiós, hijos mios, sed muy buenos y ayudad mucho a vuestra madre,
 adiós, cariño, adiós, vida mía, adiós, adiós, adiós. Y todas las despedidas eran parecidas, pero todas distintas, distintas las mujeres que no podían terminar de leer en voz alta el papel que temblaba entre sus manos, idéntico el hueco que cada nueva carta abría en mi cuerpo agujereado, incapaz de abrigar tantos adioses (...)

Las guerras lo destruyen todo, pero la guerra civil española tuvo además la cualidad de eliminar de un plumazo los años 1.937 y 1.938. El guión que separa 1.936 de 1.939 no solo unió para siempre esas dos fechas, sino que, como si de un agujero negro se tratara, se tragó los años que van de una a otra, como si nunca hubieran existido, como si la guerra no hubiera sido más que un simple paréntesis en las tragedias personales de los que se empeñaron en sobrevivir.

Pero resulta que al abril del 36 no le siguió el julio del 39 y que, durante ese lapsus temporal escondido detrás de las tres palabras que forman “la guerra civil”, e incluso de “la inmediata posguerra”, la vida siguió, como diría Sabina, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido. Por eso, proyectos como Episodios de una guerra interminable son vitales para conocer la realidad de aquella España, porque en sus novelas Almudena Grandes (Madrid, 1960) reconstruye la vida cotidiana de esos años con la minuciosidad de un arqueólogo que va desenterrando cada centímetro de tierra arrasada por el impacto de un meteorito devastador. 

Las tres bodas de Manolita (Tusquets. 2014) es una novela coral, protagonizada por las historias de una decena de personajes principales y un centenar de secundarios, que convergen en la figura de Manolita Perales, una chica normal que, por si no tuviera bastante con un padre encarcelado en Porlier, una madrastra presa en Ventas, y cuatro hermanos pequeños a su cargo en el Madrid herido y paupérrimo de 1940, ve como su vida se complica por culpa de los tejemanejes políticos de su hermano Antonio, quien le propone una boda ficticia con un preso político amigo suyo que es el único capaz de poner en funcionamiento las multicopistas necesarias para imprimir unos panfletos. 

Así, sin quererlo al principio, y conscientemente después, Manolita acaba formando parte del universo de personajes que pueblan la cárcel de Porlier a ambos lados de la alambrada. Conocemos así la resignación y hasta la alegría de los presos del penal, el estoicismo y la solidaridad de sus mujeres, y los abusos y la corrupción de sus funcionarios empezando por el máximo representante de Dios en ese infierno situado en el centro de Madrid.

Confieso que me costó entrar en la historia casi un centenar de páginas, porque después de tener el privilegio de poder hablar con la autora durante la pasada edición de la Feria del Libro de Madrid, no podía evitar que su voz rota se superpusiera a la de Manolita contándome su historia en primera persona. Pero una vez superadas las primeras 70 páginas caí rendida ante la profundidad de los personajes y la intensidad del relato que conforman las diferentes historias encerradas en Las tres bodas de Manolita.

El único pero que le encuentro a la novela es que el personaje de Manolita, como protagonista y por su condición de chica corriente, carece de la fuerza de esa Inés uniéndose al ejército liberador del Valle de Arán cargada de rosquillas a lomos de su caballo (Inés y la alegría. Tusquets. 2010).

Pero sólo por haber alumbrado un personaje como Eladia, cuya historia se me ha clavado tan dentro como si la hubieran escrito con un bisturí sobre mi cuerpo, merecen la pena las más de 700 páginas que conforman el libro (aunque en mi opinión, el interés de la novela decae tras poner fin a la historia de Carmelilla de Jerez).

Por todo ello, por su maravillosa recreación de la vida en el Madrid de posguerra, por su exhaustivo conocimiento del mundo de las cárceles franquistas (Porlier, Ventas, Yeserías), pero sobre todo porque no defrauda a todos los que, como yo, esperábamos ansiosos esta novela desde hace dos años, Las tres bodas de Manolita obtiene un notable alto.

miércoles, 23 de abril de 2014

Las tres heridas




"Llegó con tres heridas:
La del amor, 
la de la vida,
la de la muerte."
 Miguel Hernández 

Ya he dicho en alguna ocasión que tengo especial predilección por los libros ambientados en la Guerra Civil y en la inmediata posguerra. Soy de la opinión de que los que nacimos ya en democracia, los primeros españoles verdaderamente a salvo de las heridas de la Guerra Civil, tenemos una deuda, una obligación moral, con la generación que sufrió esa guerra cainita y su posterior represión, y esa deuda u obligación no es otra que no olvidar, conocer la verdad, tratar de comprender sin caer en maniqueísmos de que unos fueron muy buenos y los otros muy malos y asumiendo que en ambos bandos se cometieron atrocidades.

Sin embargo, mis ganas de saber se han topado siempre con el silencio, en mi casa primero y en las aulas después. Mis abuelos nunca han sido de contar "batallitas", supongo que en parte por esa mordaza que se autoimpusieron los que perdieron la guerra, y en parte porque, estoy convencida de que, en un lado y en el otro, en algún momento, quien más quien menos se vio obligado a hacer cosas de las que no se sienten muy orgullosos para sobrevivir y prefieren callar y olvidar. 

En lo que respecta al ámbito educativo, la Guerra Civil era una materia que se quedaba siempre fuera del temario por falta de tiempo. No exagero si afirmo que la primera vez que he estudiado la Guerra Civil española ha sido ya durante la carrera, de la mano de uno de los mejores, eso sí, el Profesor Javier Cervera, cuyos amplios conocimientos al respecto se han materializado en obras como 'Ya sabes mi paradero: la guerra civil a través de las cartas de los que la vivieron' (Editorial Planeta. 2005), 'Madrid en guerra. La ciudad clandestina 1936-1939' (Alianza Editorial. 2006) o 'La guerra no ha terminado: el exilio español en Francia 1944-1953' (Taurus Ediciones. 2007).

Es en esta falta de conocimiento, académico y doméstico, donde surge mi interés por todo aquello (películas, documentales, libros...) que transcurra en las décadas de los años 30 y 40 en nuestro país, y donde nace mi fascinación por las historias que suceden entre sirenas anti-aéreas, cartillas de racionamiento, cafés con achicoria, checas y sacas.

Por eso cuando me encontré por pura casualidad con una reseña sobre Las tres heridas (Editorial Planeta. 2012) supe que este libro me encantaría.

La cuarta novela de Paloma Sánchez-Garnica (Madrid, 1962) narra la historia de Ernesto, un profesor de literatura decidido a cumplir la última voluntad de su recién fallecida esposa: dejarlo todo para dedicarse a tiempo completo al sueño de escribir su gran novela. Aficionado a las antigüedades, en una de sus habituales visitas al Rastro madrileño se hace con una caja de hojalata que contiene unas cartas manuscritas y una fotografía en blanco y negro de una joven pareja en cuyo dorso puede leerse: Mercedes y Andrés. Móstoles. 19 de julio de 1936.

Intrigado por lo que se esconde detrás de esa imagen y esas cartas, y con la esperanza de que se encuentre frente a la historia que le permita escribir su gran novela, Ernesto decide investigar sobre el terreno para ver si es capaz de dar con el paradero de la pareja o si por el contrario algún vecino del pueblo de Móstoles puede contarle qué fue de ellos.

Esa investigación nos hace retroceder en el tiempo llevándonos directamente a los aciagos días de la Guerra Civil en los que transcurre el segundo hilo temporal de la novela. Ahí conocemos cómo, pocos días después de ser tomada esa fotografía, la felicidad del joven matrimonio se ve truncada cuando Andrés, denunciado por un vecino, es obligado a alistarse a la guerra con el bando republicano.

Mercedes decide entonces huir a la capital con su madre donde es acogida en casa de los Cifuentes, una familia acomodada y afín al levantamiento militar que tendrá mucho que ver con el destino de Mercedes, quien, a su vez, se convertira en confidente de la hija mayor, Teresa, que se debate entre dejarse llevar por sus sentimientos o la lealtad a su familia.

A pesar de lo que pueda parecer, Las tres heridas no es otra novela sobre la Guerra Civil, sino sobre las vicisitudes de una decena de personajes a los que les tocó vivir entre 1936 y 1939.

Escrita con un ritmo ágil, un estilo cuidado y una minuciosa ambientación que unida a un lenguaje riquísimo te mete de lleno en ese Madrid en guerra, la novela me ha tenido totalmente enganchada durante sus casi 700 páginas. Todos los personajes que la conforman, incluso los secundarios, son tan reales, tan humanos, están tan perfectamente dibujados, que logramos entender su proceder aún cuando no empaticemos con muchos de ellos.

Lo único que me ha gustado menos son las sorpresas (lo dejaré ahí para no destriparle el argumento a nadie) con las que se ha desmarcado la autora para tratar de unir ambas tramas, aunque reconozco que eso no le ha restado un ápice de interés a la historia.

Por todo ello, le doy un sobresaliente a esta magnífica novela que demuestra que buenos, y malos, los hubo en ambos bandos.

domingo, 2 de febrero de 2014

El corazón helado



"Españolito que vienes al mundo te guarde Dios.
Una de las dos Españas ha de helarte el corazón".
                                               Antonio Machado
 
Tres semanas me tuvo El corazón helado, de Almudena Grandes (Tusquets. 2007) con el mío encogido, enredada en la historia de los Carrión y los Fernández a lo largo de sus más de 1.200 páginas.

El verano anterior me había acercado por primera vez a la literatura de Almudena Grandes (Madrid, 1960), descubriendo a una de las mejores novelistas españolas y desde luego a la que se iba a convertir en mi escritora preferida. Bueno, en honor a la verdad debo reconocer que ésa no fue mi primera vez con Grandes, pero todos sabemos que cuando una adolescente lee "Las Edades de Lulú" (Tusquets. 1989) no lo hace por la calidad literaria de la autora. 

El caso es que "Inés y la Alegría" (Tusquets. 2010) llevaba más de un año mirándome desafiante desde las cabeceras de las librerías, y aunque en principio la sinopsis me atraía (otro día hablaremos de mi predilección/obsesión por las novelas ambientadas en la Guerra Civil española) había algo que no me acababa de convencer. Quizá fuera simplemente que hay un momento vital concreto para cada novela y el momento no había llegado aún, pero después de leer la contraportada por enésima vez, siempre acababa cambiando a "Inés" por cualquier otra novela que se cruzaba en mi camino hasta la caja.

La conjunción planetaria se produjo en julio de 2012, y para cuando acabé con el primer volumen de la serie Episodios de una Guerra Interminable descubrí una novela magistral y un episodio de la Guerra Civil totalmente desconocido para mí, pero sobre todo a una autora que te mete de lleno en la historia mediante su prosa exquisita, la complejidad de sus personajes y su riquísima ambientación histórica.

Totalmente cautivada por el estilo literario de Almudena Grandes, nada más terminar "Inés y la Alegría" devoré "El Lector de Julio Verne" (Tusquets. 2012) y "Los Aires Difíciles" (Tusquets. 2002), mágnificas novelas las dos, pero necesitaba más. Y ese invierno cayó en mis manos El corazón helado.

La que fuera la última novela de la escritora madrileña antes de embarcarse en el proyecto de los Episodios de Una Guerra Interminable (y hasta donde tengo entendido, creo que un poco la génesis del mismo) comienza el día del entierro de Julio Carrión, un poderoso hombre de negocios que hizo fortuna durante la dictadura franquista pero del que su propia familia desconoce importantes y numerosos episodios de su pasado. Durante el sepelio, el más pequeño de sus hijos, Álvaro, descubre entre los asistentes a Raquel, una misteriosa joven a la que nadie conoce y que él supone que es la última amante de su difunto padre. De la mano de Raquel, hija y nieta de exiliados republicanos en francia, Álvaro irá desentrañando los claroscuros de la familia Carrión así como la relación que les une a la familia de la joven.

Narrada en dos tiempos (la actualidad, y los años de la Guerra Civil y la posguerra) con un estilo ágil y directo, es una novela que engancha y conmueve porque las respectivas historias familiares de Álvaro y Raquel son la historia de muchas familias en la España de la época. La historia de los Carrión y los Fernández es, en definitiva, la historia de las dos Españas, de los dos bandos irreconciliables, de la herida que no se cierra y sigue sangrando (y doliendo) generaciones después de haberse producido.

Amor, odio, vengaza, intereses creados… todo el abanico de las pasiones humanas aparece reflejado en las 1.200 hojas que conforman El Corazon Helado.
 
Mi valoración: un 9 para esta ambiciosa pero maravillosa novela. 
Si no la habeis leído no os dejeis asustar por su tamaño porque es de esos libros que no puedes dejar de leer. Si sois de los que pensais que se trata de otra novela más sobre la Guerra Civil, os perdereis una historia magnífica que atrapa desde la primera página, así que no os dejeis llevar por vuestros prejuicios. Y si la habeis leído podeis de dejarme un comentario diciendo qué os pareció.