- No me importa que llueva en verano. Hasta me gusta. Es mi lluvia favorita.
- ¿Tu lluvia favorita? (...) Pues la mía es la lluvia antes de caer (...)
- Pero cielo, antes de caer, en realidad no es lluvia (...)
- ¿Entonces qué es?
- Pues es sólo humedad. Humedad entre las nubes (...)
¿Entiendes entonces que no hay lluvia antes de caer? Tiene que caer para que sea lluvia.
¿Entiendes entonces que no hay lluvia antes de caer? Tiene que caer para que sea lluvia.
- Ya sé que no existe. Por eso es mi favorita.
Porque no hace falta que algo sea de verdad para hacerte feliz, ¿no?
Porque no hace falta que algo sea de verdad para hacerte feliz, ¿no?
Es curiosa la forma que tienen algunas historias de llegar hasta nosotros. En el caso del libro de Jonathan Coe (Birmingham, 1961), supe de su existencia gracias a la recomendación de un seguidor del blog (no soy Justin Bieber pero parece que yo también tengo mi público), quien después de leer mi reseña sobre El hombre que arreglaba las bicicletas me comentó que el planteamiento le recordaba mucho al de La lluvia antes de caer (Anagrama. 2009), y que si bien áquella me había defraudado enormemente, estaba seguro de que ésta me encantaría. (Mis reseñas deben hablar de mí y de mis gustos más incluso de lo que yo misma soy consciente porque ya os adelanto que acertó. Vaya que si acertó).
La anciana tia Rosamond acaba de morir y su sobrina Gill es la encargada de cumplir con su póstuma voluntad: encontrar a Imogen, una extraña joven a quien Gill sólo ha visto brevemente en una ocasión más de 20 años atrás, para hacerle beneficiaria de un tercio de la herencia de su tía y entregarle una serie de cintas que Rosamond ha grabado para ella. Sólo en caso de que no consiga encontrar a la destinataria de las grabaciones, Gill tiene permismo para escucharlas.
¿Qué relación existe entre Rosamond e Imogen? ¿Por qué si es una persona tan importante para su tía como para legarle una parte de sus bienes, parece no haber existido ningún contacto entre ellas en los últimos años, hasta el punto de que Rosamond desconozca su paradero actual? ¿Qué contienen esos casettes?
Por si el argumento no fuera suficientemente atractivo, la novela tiene un aliciente añadido en la forma en la que está estructurada: Cada capítulo empieza con la descripción de una de las veinte fotografías que Rosamond ha elegido para contarle a Imogen la historia de sus orígenes. Imágenes que, además, constituyen el relato (y el retrato) de la sociedad inglesa desde la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días.
La lluvia antes de caer es una exquisita novela de errores perpetuados de madres a hijas sobre la que sobrevuela un halo de misterio que hace imposible dejar de leer. Pero además está narrada de una manera tan elegante, tan inteligente diría incluso, que su lectura hará las delicias de cualquier lector un poco sensible al ARTE (con mayúsculas) de escribir.
No quiero desvelar más detalles del argumento de esta novela para que os sorprenda como me sorprendió a mí, para que os dejeis envolver por el estilo narrativo del autor, por su trama, por su original planteamiento y por su perfecto e inesperado final. Si a estas alturas aún no os he convencido de que debeis darle una oportunidad sólo me queda añadir que se trata de una novela más bien breve (menos de 250 páginas) que, aunque salpicada de temas complejos, se lee en un suspiro, que la belleza de su título es directamente proporcional a la que encontrareis en el interior, y que se trata de uno de los libros con los que más he disfrutado este año, por lo que le puntúo con la máxima nota.

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