El futuro siempre parecía radiante y lleno de posibilidades,
hasta que uno se adentraba en él.
A sus setenta años, una antigua amante recientemente fallecida le ha dejado en herencia un destartalado Bed & Breakfast en un pueblecito de Gales. Harto de su anodina vida en Londres, y guiado por su propia experiencia vital, Buffy decide liarse la manta a la cabeza y convertir el viejo caserón en un hotel en el que impartir cursos para que la gente que acaba de salir de una relación pueda hacerse cargo de las tareas que le eran propias al otro miembro de la pareja: desde cocina a bricolaje pasando por el mantenimiento del automóvil.
El hotel de los corazones rotos (Lumen, 2014) es una novela optimista, amena y fácil de leer, aunque sin pretensiones y con unos personajes que no dejan huella, pero que quizá recomendaría para leer en verano que es cuando más apetecen este tipo de lecturas ligeras, o incluso para desconectar en el ínterin entre dos libros de mayor complejidad.
La excusa del Bed & Breakfast permite a la autora presentarnos un variado catálogo de relaciones amorosas así como de las más variopintas causas de ruptura, con especial protagonismo del amor y el desamor maduro. Sin embargo, debo reconocer que a pesar de la gran variedad de personajes no he logrado conectar con ninguno.
Sin embargo Deborah Moggach (Inglaterra, 1948), autora también de El exótico hotel Marigold (cuya versión cinematográfica os recomiendo no tanto por su sencillo guión como por su magnífica fotografía, por el maravilloso elenco que la protagoniza y por la reconfortante sensación como de haberte reconciliado con la vida con la que sales de ver la película), debería evitar ambientar su próxima novela en otro hotel, ya que si bien es un recurso fantástico a través del que poder hilar diferentes historias y personajes, creo que sus lectores habituales acabarán aburriéndose de más de lo mismo, por lo que sería recomendable que en el futuro arriesgara apostando por tramas completamente diferentes.
Aprobado por tanto para esta novela amable aunque quizá simplona en exceso, que aunque he etiquetado como "novela romántica" por la temática en torno a la que gira carece de la ñoñería, el romanticismo y la cursilería propios del género.
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