jueves, 3 de julio de 2014

La cáscara amarga


Que no nos envíe Dios todo lo que somos capaces de aguantar

Cuatro días escasos me ha durado La cáscara amarga (Planeta. 2013), un libro que llegó a mis manos por casualidad y del que no tenía referencia alguna, pero cuya portada me atrapó. La mirada de la niña ejercía una suerte de poder hipnótico tan fuerte sobre mí que ni siquiera fui capaz de darle la vuelta al libro para leer la información de la contraportada. Así que, sin la más remota idea de lo que me iba a encontrar dentro, me decidí a conocer la historia que se escondía detrás de aquellos inmensos ojos tristes.

La sexta novela de Jesús Ruiz Mantilla (Santander, 1965), y la primera de esta autor que yo leo, es el relato crudo, áspero y amargo (como su título) de la infancia de Emilia. Una infancia en la que, con una madre presa y un padre ausente, ella y sus hermanos se ven abocados a la miseria, a la soledad y, en algunos casos, a la muerte.

Prometo que hasta que empecé a leer, desconocía que la historia se situaba en las inmediaciones de la Guerra Civil, pero os aseguro que no se trata de otra novela más sobre la contienda española. Más bien al contrario, La cáscara amarga no es más (ni menos) que el desfile de los fantasmas de su pasado frente a una Emilia ya anciana, en la misma frontera entre la vida y la muerte.

Cada capítulo está dedicado a un personaje relacionado con la niñez de Emilia. Así, van apareciendo su madre, la Chila; su padre, Juan; sus hermanos, Mariuca, Lucrecia, Carmina, Leoncio y Casimiro; su abuela Simona; sus tías, Paquita y la Romana, y hasta Don Luis, párroco de Santoña.

Reconozco que durante las 20 primeras páginas me costó entrar en la narración porque el estilo de este escritor cántabro no es nada convencional. Sin embargo, en el tercer capítulo ya estaba completamente cautivada por esta historia de superación, porque eso es lo que es La cáscara amarga, la historia de una lucha contra los elementos por parte de una auténtica superviviente. Y cuando digo auténtica quiero decir real, porque Emilia Fuentes es un personaje real, dueña de una empresa conservera en Santoña, cuya relato conoció Ruiz Mantilla, quien fuerte impresionado por la misma decidió novelarla. Es más, el autor confiesa que se ha visto obligado a "maquillar" algunos aspectos de esas vivencias en su novela porque la verdadera historia es, en sus propias palabras, absolutamente insoportable.

Por todo ello, por su originalidad, por su dureza, por su magnífica prosa y por la verdad que esconden unos personajes increíblemente humanos, no  tengo más remedio que calificar a este libro con un notable alto.

2 comentarios:

  1. Tiene muy buena pinta. Aunque ahora mismo estoy en plan leer libros menos duros tras unos cuantos donde lo he pasado hasta mal!

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    1. Sí, éste es de esos libros en los que por momentos hace bola (como los niños al comer) y cuesta digerirlo, pero está muy muy bien.
      Un besito y gracias como siempre por el comentario

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