lunes, 7 de abril de 2014

Dispara, yo ya estoy muerto




Hay momentos en la vida en los que la única manera de salvarse a uno mismo
es muriendo o matando

No suelo leer críticas de ningún libro que tenga previsto leerme. Es más, si puedo, evito mirar hasta la sinopsis de la contraportada para que ninguna información u opinión condicione mi lectura. Otra cosa es que me encuentre con una reseña de un libro desconocido que despierte mi interés o que premeditadamente vaya a la caza y captura de algo que leer: Sólo cuando ando muy perdida en busca de nuevas adquisiciones le doy la vuelta al libro o indago un poco más para saber algo más de su argumento, pero es una lectura como de reojillo, de querer saber sin saber, como cuando los niños ven una película de miedo y se tapan los ojos con las manos abiertas (claro que, a la vista de los tostones que pasaron por mis manos el año pasado, igual debería plantearme ir cambiando de método de elección).

El caso es que en cuanto me enteré de que Julia Navarro (Madrid, 1953) publicaba nuevo libro me hice con él sin conocer absolutamente nada acerca de su argumento. Su anterior novela, 'Dime quién soy', me había encantado y "La hermandad de la sábana santa" sin ser una novela maravillosa como la anterior también había conseguido engancharme, así que me dispuse a disfrutar de varias semanas de lectura cuanto menos entretenida. Y en qué momento... 

Más de cuatro meses me ha costado terminar Dispara, yo ya estoy muerto (Plaza & Janés. 2013) una densa novela que aborda, nada más y nada menos que el conflicto palestino-israelí desde comienzos del siglo XX, cuando empiezan a producirse los primeros asentamientos, hasta la actualidad.

La historia comienza a finales del siglo XIX cuando la familia de Samuel Zucker es asesinada por culpa de los pogromos zaristas contra los judíos y Samuel se ve obligado a dejar su Polonia natal y exiliarse a San Petersburgo primero y a Palestina algunos años después. Allí conocerá a los Ziad, una familia musulmana a los que compra unos terrenos en los que poder establecerse y con los que entablará una relación casi fraternal más allá de las diferencias religiosas o étnicas. Con el pasar de los años, a la convivencia entre Samuel y la familia Ziad se van sumando nuevos miembros, árabes y judios, que ponen al lector frente al abanico de todas las posiciones posibles en lo relativo a la cuestión palestino-israelí.

Dispara, yo ya estoy muerto está narrada desde dos perspectivas, la judía y la árabe, y llega hasta el presente utilizando la excusa de la elaboración de un informe acerca de los asentamientos de los colonos judíos en Palestina por parte de una cooperante internacional. Sin embargo el conflicto es tan complejo que intentar abordarlo en un libro, aunque sea en uno de mil páginas, me parece una osadía y una temeridad.

Además de la complejidad de la idea sobre la que gira el argumento, la falta absoluta de ritmo narrativo y la veintena larga de personajes que conforman esta novela coral han hecho imposible que consiguiera meterme en la historia en ningún momento, teniendo que obligarme constantemente a continuar con su lectura.

Ni siquiera el "sorprendente giro final" funciona: la resolución de la historia es forzadísima y las últimas 50 páginas no acaban de encajar con una historia que empieza a dar vueltas sobre sí misma mucho tiempo atrás.

Lo único que salvaría es la historia de Samuel, Katia y Dalida en la Francia ocupada por los alemanes, su actividad en la resistencia y su paso por los campos de exterminio nazis de Auschwitz y Ravensbrück, en la que la autora recupera el ritmo y el estilo que me cautivara en 'Dime quién soy'.

Julia Navarro se une así, aunque por motivos completamente opuestos, a María Dueñas en la lista de peores lecturas del año pasado después de haber encabezado ambas con sus novelas previas el ranking de las que más me gustaron el año anterior: Si, como ya comenté aqui, tras leer 'Misión Olvido' me invadió la sensación de que se trata de una historia escrita con prisas para cumplir con un contrato editorial y que por eso no acaba de cuajar, por el contrario tengo la impresión de que Dispara, yo ya estoy muerto es el libro que su autora ha querido escribir siempre y que sólo después del éxito de 'Dime quién soy' se ha atrevido a publicar, pero en el que la Historia (con mayúsculas) se ha comido a la historia.

Así, y aunque se trata de una novela que me ha aburrido tremendamente, y que yo personalmente no recomendaría al común de los lectores, le voy a dar un aprobado porque es innegable la labor de documentación que hay detrás y que agradecerán los iniciados en el tema.

4 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo contigo en la mayoría de cosas (sobre todo cuando comparas con Misión Olvido). A mi esta señora no me gusta nada de nada. No es que escriba mal, porque va enlazando historias y en ocasiones hasta incluso se puede "seguir el ritmo". A mi la sensación que me da, es que se empeña en escribir "tochos", como si la cantidad tuviese que ver algo con la calidad. Y deja mucho que desear.

    Por otra parte cae constantemente en tópicos literarios, con finales absolutamente predecibles (tampoco es cuestión de hacer de spoiler, pero tanto el final de Dime Quien Soy como de este, se veían venir desde el principio).

    Si me permites opinar en cuanto a tu percepción de la historia de Samuel, Katia y Dalida, es que como nos pasa a muchos, tenemos predilección por el tema nazi, y aunque leamos 1000 novelas acerca del tema nos seguirá gustando, pero esto no la salva de recaer de nuevo en los tópicos,y en este caso además de una forma morbosa que no le va a la linea de la novela.

    Aunque personalmente no me haya disgustado del todo, sobre todo porque desconocía bastante el conflicto palestino-israelí (así me gusta a mi aprender historia, mediante la literatura), la impresión que me causa esta señora es que quiere cubrirse de gloria utilizando el mérito de otros, porque realmente no aporta nada nuevo.

    Un saludo.

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    1. Desde luego hay episodios de la Historia que parecen sacados de la mejor de las ficciones y uno de ellos es la persecución y exterminio de la población judía por parte del régimen nazi. Pero en el caso de la novela que nos ocupa, la verdad es que parece que a la escritora le ha podido la soberbia y la ambición y le ha faltado talento literario.
      Gracias por la visita y el comentario!
      Saludos!

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  2. Ya sabes mi opinión de este libro. Cuando lo reseñé creo que fui benévola. Dejé claro que me cansó pero no lo puse mal. Ahora tras tu reseña y tras dejar "reposar" su lectura unas cuantos meses, debo admitir que no me gustó. Así de claro. Como a ti, me cansó. Estaba deseando que acabara porque algunas partes acaban siendo infumables. No hay nada que objetar a la labor documental de Julia Navarro, pero a este libro le sobraban 100 o incluso 200 páginas, muchas subtramas y recursos demasiado recurrentes.
    Ah y como digo en mi reseña... ¿Por qué la portada es un emblema de San Petersburgo cuando es la ciudad que menos páginas sale en el libro?
    Un beso

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    1. A esta novela le sobran páginas, personajes... pero le falta lo más importante: una historia que enganche al lector, porque para conocer los orígenes del conflicto entre palestinos e israelíes me voy una enciclopedia, como tú insinuabas en tu reseña.
      En cuanto al por qué de la portada, ni idea la verdad, porque desde luego San Petersburgo es la ciudad que menos peso tiene en la historia.
      Tu reseña de mañana, por los motivos con los que comienza esta entrada, la voy a reservar hasta el momento en que me haya leído la novela, pero que sepas que me muerdo las uñas de impaciencia por leer ambas!!
      Gracias por tu visita y tu comentario.
      Un beso

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