lunes, 19 de octubre de 2015

La noche soñada

"Es mentira que estés leyendo esto y es mentira todo lo que voy a narrarte.
Por eso debes jurarme que nunca vas a contárselo a nadie, 
porque ni ha pasado ni debe volver a pasar nunca más. 
Si alguien se va de la lengua o si alguien descubre mi plan, 
puede que nada suceda tal y como tengo previsto;
de modo que es mejor que seas un testigo mudo, como si no estuvieras,
como si yo no estuviera y como si todo lo que vas a leer jamás hubiera sucedido.
¿Has visto la lavanda que hay en la entrada de mi jardín?
Pues debes ser como ella. Muda."

Me resistía, lo reconozco. Me resistía a darle otra oportunidad a Máxim Huerta (Valencia, 19716) después de haber leído 'Una tienda en París' (Ediciones Martínez Roca. 2012), una historia que no me gustó, con una protagonista con la que no conecté y con un estilo muy por debajo de mis expectativas (si quieres leer la reseña que escribí en su día, la tienes aqui). Así que, cuando pocas semanas después de recibir el Premio Primavera de Novela 2014 llegaba a mis manos La noche soñada (Espasa. 2014), mi primera intención fue deshacerme de él. 

Sin embargo, y aunque ya sabeis que intento saber lo menos posible de los libros que quiero leer, si cae en mis manos un libro inesperado y desconocido suelo, o bien leer el arranque de la novela, o bien su última frase: Hay quienes conceden una importancia vital a las primeras líneas de su historia, devanándose los sesos intentando enganchar al lector con una mezcla imposible de intriga, seducción y acción que se va desinflando con el discurrir de la trama, y se olvidan de despedirse de su historia con la misma pasión con la que la iniciaron. En el caso de La noche soñada me decanté por su arranque, y la premisa de la que parte la novela me sedujo de tal modo que decidí colocarlo en la balda de libros pendientes de mi estantería a la espera del momento propicio para su lectura. Momento que tardó en llegar más de un año.

Pero vamos al argumento: Noche de San Juan de 1980. Mientras el pueblo de Calabella al completo se prepara para recibir a Ava Gardner, el pequeño Justo está decidido a llevar a cabo un plan secreto que cambiará su vida y la de su familia. Treinta años después, Justo cree que ha llegado el momento de saldar cuentas con su conciencia y confesarle a su madre lo  ocurrido aquella noche. 

El nexo de unión de los dos hilos temporales es Justo, protagonista absoluto de la novela, pero dos personajes secundarios me han robado el corazón: La tia Visitación, que actúa como contrapunto a la personalidad dócil y sometida de su hermana pequeña, y el entrañable Francesco, entregado en cuerpo y alma a ser la memoria del amor de su vida. 

No sé si habeis visto Amélie, pero a la historia de Justo Brightman sólo le falta la maravillosa banda sonora de Yann Tiersen sonando de fondo, porque si la obsesión de la Señorita Poulain era cambiar la anodina vida de los que la rodeaban, el único propósito del plan secreto del pequeño Justo es hacer feliz a su madre. Y siguiendo con las semejanzas, me parece una preciosa cabriola del destino que el jurado que decidió otorgarle a La noche soñada el Premio Primavera estuviera presidido por Ana María Matute, ya que la propuesta de Máxim Huerta destila esa ternura, esa inocencia y ese aura casi mágica de las novelas de la Matute.

En definitiva, nada que ver con su anterior novela, que si entonces no escatime adjetivos en calificarla de floja, insulsa y decepcionante, ahora no tengo reparo en reconocer que me he emocionado hasta la lágrima con la historia de Teodora. Quizá simplemente elegí el momento propicio para leerla. Un momento en el que yo también necesitaba creer que los sueños pueden cumplirse. O al menos que se pueden alejar las pesadillas.

Así que, en espera de echarle el guante a "No me dejes", la próxima obra del autor valenciano que, mucho me temo, tendré que leer, tengo entre manos "París era una fiesta" de Hemingway. Quienes hayan disfrutado de La noche soñada lo entenderán. Si no es tu caso, te recomiendo encarecidamente esta preciosa novela que alcanza un notable en mi calificación personal.

jueves, 20 de agosto de 2015

Por qué te quiero

Por enseñarme que no hay nada más divertido que bailar un vals aqui y ahora: En el parking de un centro comercial, en el pasillo de un hospital o en la cola del súper.

Que no hay causa justificada más importante para trasnochar que jugar al corro de la patata. 

Que hacer pompas de jabón es una ciencia exacta.

Por hacerme comprender que en la vida hay que celebrar cada momento.

Que todos los avances, incluso los más pequeños, merecen ser aplaudidos.

Porque ha sido emocionantísimo asistir a tus primeras conquistas pero más emocionante es saber que tienes toda la vida por delante para alcanzar nuevas cimas.

Por decirme tantas cosas sin hablar.

Porque tu sonrisa vale más que mil palabras. 

Por enseñarme mil y una formas de reir. 

Por darle en los morros una y otra vez a todos los que se empeñan en encasillarte detrás de una etiqueta, de un percentil. ¿Aún no se han enterado de que eres Súper Nico?

Por hacerme entender que el tiempo es relativo. ¿Qué es pronto? ¿Para qué es tarde? Y sobre todo, ¿para quién? Si un mago llega cuando quiere, ni antes ni después, imagina un superhéroe.

Porque ni en mis mejores sueños imaginé que fueras tan bueno.

Porque eres la prueba fehaciente de que si deseas algo con todas tus fuerzas se puede hacer realidad.   

Porque llegarás todo lo lejos que te propongas, porque lo que los demás llaman cabezonería no es más que cojones coraje.

Por poder contar con los dedos de una mano los días que he perdido la paciencia (y que haga propósito de enmienda porque me parezcan demasiados).

Por hacer que me despierte con una sonrisa incluso en el peor de mis días.

Porque mirarte mientras duermes se ha convertido en mi pasatiempo favorito.

Y porque aunque diga muchas veces (quizá demasiadas) que más que un niño lo que tengo es una pegatina todo el día encima de mí, en el fondo me encanta que mis brazos sean tu único consuelo, que te refugies contra mi pecho todos los días al despertar de la siesta y que seas capaz de reconocer mis manos con los ojos cerrados.

Gracias por llegar hace dos años para poner mi mundo patas arriba y darle sentido a mi vida enano.


 

(Este mensaje se auto-destruirá justo un segundo antes de que puedas avergonzarte de él) 

jueves, 11 de junio de 2015

Las mujeres de la Principal


 "En Londres las nieblas permiten pervertir los crímenes y sofisticar el misterio;
en cambio, aqui hay demasiado sol, la tierra es seca y los crímenes son como más de rastrojo, más primarios, menos sofisticados (...)"

Cuando María Dolores Pradera y Chavela Vargas popularizaron en nuestro país la ranchera "Ojalá que te vaya bonito" hacía al menos una década que Lluis Llach (Girona, 1948) había puesto (otra) letra y (otra) música al mismo sentimiento en su canción "Que tinguem sort". Sin embargo, mucho me temo que esta preciosa canción es prácticamente una desconocida fuera de Cataluña, por lo que os invito a escucharla (y a leer su letra traducida al castellano) antes de seguir leyendo esta entrada.  

El caso es que cuando descubrí que Lluis Llac no sólo se había metido a escritor, sino que publicaba su segunda novela después de la buena acogida de su ópera prima 'Memoria de unos ojos pintados' (Seix Barral. 2012), no pude resistir la curiosidad de conocer de primera mano qué tal se desenvolvía el cantautor catalán en el mundo de las palabras sin acordes.

Las mujeres de la Principal (Seix Barral. 2014) es la historia de La Principal, una masía ubicada en la Cataluña rural dedicada al negocio del vino que en el último siglo ha estado siempre regentada por mujeres. Pero como en todas las historias familiares, La Principal también esconde secretos y sobre todo un misterio: el del asesinato del antiguo capataz de la finca el día antes de que comenzase la Guerra Civil. 

La acción principal se desarrolla en noviembre de 1940, cuando el inspector Recader decide reabrir el crimen de La Principal, y es a través de sus interrogatorios y de los recuerdos principalmente del ama de llaves como conocemos, no sólo cómo llegó el cadáver del anterior capataz a la puerta de la casa más importante del pueblo de Pous, sino cómo la madre de la actual Señora se convirtió en la heredera de la finca familiar siendo la única mujer de cinco hermanos y no siendo la primogénita. Finalmente la historia llega hasta 2001, cuando la tercera generación de esta saga de mujeres se convierte en la última depositaria de unos secretos que se hunden en lo más profundo de sus raíces familiares. 

Me ha gustado mucho el estilo narrativo de Lluis Llach. Tiene maneras (y madera) de escritor curtido en mil batallas semánticas y, a mi entender, ha recreado perfectamente el ambiente de la Cataluña rural de la primera mitad del siglo XX. Pero sobre todo me ha gustado el personaje de Úrsula, la vieja ama de llaves, cuya caracterización me ha parecido absolutamente entrañable.

Sin embargo estamos, una vez más, ante una historia que presenta una trama en el presente absolutamente inecesaria: La única función del personaje de María Magí es la de ser depositaria de un secreto gestado sesenta años antes, secreto que podía haberse resuelto perfectamente en la línea temporal principal y no sólo no echaríamos en falta la presencia de ese personaje sino que la historia no se hubiera visto mínimamente afectada.

Cabe destacar que se nota que el libro ha sido escrito en catalán y posteriormente traducido al castellano, ya que está plagado de expresiones y alocuciones tipicamente catalanas. No lo digo como algo negativo, ya que concretamente a esta historia ubicada en la Cataluña profunda el hecho de que la lengua materna de Lluis Llach sea el catalán la beneficia haciéndola más creíble.

En definitiva, aprobado para una novela que, si bien probablemente no dejará un poso profundo en mi memoria, me ha merecido la pena sólo por las conversaciones entre el inspector Recader y el ama de llaves Úrsula.

jueves, 7 de mayo de 2015

Palmeras en la nieve


“... Ya no regresaré a Fernando Poo, así que, si te parece, volveré a recurrir a los amigos de Ureka para que puedas seguir enviando tu dinero. Ella está bien, es muy fuerte, ha tenido que serlo, aunque echa en falta al bueno de su padre, que, lamento decirte, porque sé cuánto lo sentirás, falleció hace unos meses. Y tranquilo, que sus hijos también están bien, el mayor, trabajando, y el otro, aprovechando los estudios. 
Si vieras qué diferente está todo ...”

Yo no sé la de meses que esta novela llevaba esperando su turno. Bueno, en realidad sí lo sé: desde que una buena amiga, que sabe que basta un libro para hacerme feliz, me lo regalara por mi cumpleaños a finales del verano pasado. Pero ya sabeis que soy de la convicción de que cada libro tiene su momento, y yo no acababa de encontrar el de sentarme a solas con Palmeras en la nieve (Temas de hoy. 2012). Hasta que oí que se preparaba el inminente estreno de su adaptación cinematográfica, y entonces quise adelantarme a ese momento para evitar que el rostro de ningún actor español se adueñara de los rasgos de los personajes que mi imaginación va conformando con el pasar de de las páginas (vaya por delante que mi película favorita es "Lo que el viento se llevó", basada en la novela homónima de Margaret Mitchell. Pero nunca podré perdonarle a Benito Zambrano que haya hecho de María Leon e Inma Cuesta las únicas Hortensia y Pepita que recuerdo a pesar de haber leído una docena de veces La voz dormida y de haberme negado a ver la película hasta hace apenas unos meses).

Volviendo a la novela que nos ocupa, la historia comienza en 1953, cuando Kilian deja su pequeño pueblecito en las montañas de Huesca para partir rumbo a la isla guineana de Fernando Poo, entonces colonia española, donde participará junto a su padre y a su hermano Jacobo en la campaña de recolecta de cacao. A pesar de las duras condiciones iniciales, Kilian irá involucrándose cada vez más en la vida de la isla y lo que iba a ser una estancia de dos años con el objetivo de hacer dinero y volver a su tierra, se prolongará durante casi dos dècadas al cabo de las cuales, la independecia de Guinea y la conflictividad social originada por la dictadura de Macías le obligará a poner fin a los mejores años de su vida. Medio siglo despuès, el fragmento de una carta encontrada por su sobrina pondrà en duda lo que Kilian y Jacobo han contado sobre su aventura guineana y supondrà el pistoletazo de salida de una investigación que llevará a la joven Clarence a reconstruir sobre el terreno los pasos de su padre y su tio en las lejanas tierras de Bioko.

Lo primero que sorprende de Palmeras en la nieve es que sea la òpera prima de Luz Gabàs (Huesca, 1968). Su depurado estilo narrativo y su profundo conocimiento de los usos, costumbres y tradiciones bubis no parecen propios de una escritora novel. Y es que estamos hablando de una novela que, a pesar de sus casi 800 páginas y de tratar un asunto tan desconocido (al menos para mí) y complejo (para el común de los lectores) como los lazos coloniales que nos unieron a Guinea en un pasado no tan lejano y la historia reciente de este pais, se lee en un suspiro.

Si le tengo que poner alguna pega sería la, en mi opinión, innecesaria trama que transcurre en el presente. Creo que la historia que se desarrolla en las décadas de los 50-60 es lo suficientemente interesante como para añadirle una trama ñoña que no aporta nada y que se ve venir prácticamente desde el principio, por mucho que su autora intente jugar al despiste. Pero sobre todo me sobra el personaje de Clarence, absolutamente insulso y con el que no he conseguido conectar en ningún momento.

Aprovecho para hacer un llamamiento a los escritores y editoriales que en un momento dado puedan leer esta reseña: Por favor, basta ya de apostar por novelas con dobles tramas temporales. No digo yo que este recurso no tenga sentido en cierto tipo de historias, pero es que de un tiempo a esta parte proliferan líneas argumentales secundarias metidas con calzador en un desesperado intento de la cuadratura del círculo narrativo que lo único que hacen es poner de manifiesto las carencias de la historia que se intentaban disimular. Los lectores no somos tontos y sabemos diferenciar perfectamente cuando una trama, un personaje o un recurso proceden y cuando están metidos para rellenar. E incluso cuando puedan ser pertinentes, yo particularmente ya estoy un poco saturada de leer historias cortadas con el mismo patrón.

Como digo, en el caso de la novela que nos ocupa esta segunda línea temporal es perfectamente omitible por la fuerza que la historia principal tiene en sí misma. Y por eso le doy un notable a esta novela que te encantará si te gusta María Dueñas (no la que escribió la decepcionante "Misión olvido", sino la que fue capaz de hacernos soñar con "El tiempo entre costuras", otra maravillosa ópera prima a la que Palmeras en la nieve me ha recordado en numerosos pasajes) o Isabel Allende.

jueves, 23 de abril de 2015

La ciudad de los ojos grises



"Podrá nublarse el sol eternamente,
podrá secarse en un instante el mar..." 

Hay novelas en las que el espacio en el que transcurren tiene tanta importancia que se acaba convirtiendo en un personaje más de la misma. Y quizá haya sido precisamente porque no conozco Bilbao el motivo por el que me ha hecho falta más de un tercio del libro para empezar a entrar en la historia que nos propone Felix G. Modroño (Vizcaya, 1965).

La ciudad de los ojos grises (Algaida. 2012) comienza en la Nochebuena de 1914, cuando leyendo el periódico, Alfredo descubre la muerte de Izarbe, la mujer que ama desde que es un adolescente. Es entonces cuando decide abandonar su exilio voluntario en París para volver a su Bilbao natal en busca de respuestas no sólo sobre la repentina muerte de su eterna enamorada, sino sobre su propio pasado.

La acción transcurre en el momento histórico en que Bilbao va sacudiéndose su apariencia rural para empezar a transformarse en la ciudad industrial que terminaría siendo no mucho después. El relato está salpicado de lugares y personajes de la historia local como Unamuno, Indalecio Prieto, Sabino Arana, María de Maeztú, el café Iruña o el restaurante El Amparo. Pero lo que para muchos habrá supuesto el punto fuerte de la novela, la minuciosa ambientación histórica del Bilbao de principios del siglo XX, para mí ha sido todo lo contrario: En ocasiones me ha resultado forzada la inclusión de anécdotas en el relato, sacándome por completo de la historia y provocándome la tediosa sensación de estar escuchando una lección magistral a la que no recuerdo haberme apuntado.

Los misterios relacionados con el pasado de Alfredo me han resultado bastante predecibles, viendo por dónde iban a ir los tiros prácticamente desde el planteamiento de los mismos. Pero lo que se me ha atragantado es la trama relacionada con la muerte de Izarbe. Vale que un escritor tiene derecho a tomarse ciertas licencias literarias en aras de encajar los bolillos que componen su historia, pero ¿la mismísima Mata-Hari en Bilbao? Quiero decir: No me escribas una tesis doctoral sobre urbanismo e historia local bilbaína si te vas a pasar el rigor histórico por el arco de la peineta a media novela.

Así que si, como he dicho más arriba, se trata de una novela en la que me ha costado muchísimo entrar y cuando estoy empezando a hacerlo me cuelan a traición una historia sobre espías en la Primera Guerra Mundial, a nadie le sorprenderá que en mi particular calificación no alcance el aprobado. Aunque desde aqui os digo que se trata de un libro que tiene buenísimas críticas de otros lectores, hasta el punto de haber sido elegida la Mejor Novela del 2012 por los bloggers literarios y de haber recibido el Premio Libreros de Bizkaia en 2013. Lo que es incuestionable es que La ciudad de los ojos grises es un homenaje a la ciudad de Bilbao y que su autor ha sabido impregnar a toda la novela de ese ambiente sombrío característico tanto de la capital vizcaína como de la época en la que transcurre la acción.

lunes, 16 de marzo de 2015

La boda de Kate


"Cuando se encerró en su habitación para llorar durante dos largas horas,
todos creyeron que estaba lamentando la muerte de su madre, pero no era así:
Kate Salomon lloraba por ella misma, por las oportunidades perdidas 
y por su absoluta inoperancia a la hora de gestionar eso que algunos llaman felicidad".

¿Conoceis esa maravillosa sensación que te invade cuando terminas un libro que ha conseguido sorprenderte, sobrepasar todas tus expectativas e incluso echar por tierra los prejuicios que pudieras tener al empezarlo? Eso es exactamente lo que me ha ocurrido con La boda de Kate (Planeta. 2013), la última novela, aunque la primera que pasa por mis manos, de Marta Rivera de la Cruz (Lugo, 1970).

La apacible existencia de Kate Salomon, una anciana británica afincada en un pueblecito español que reparte su tiempo entre la casa que comparte con dos amigas de su edad y la pequeña librería que regenta en el centro del pueblo, da un vuelco el día de su 71 cumpleaños: Forster Smith, el gran su amor de juventud del que lleva sin saber nada desde que él se instalara en los Estados Unidos 50 años atrás, se presenta en la puerta de su casa para pedirle matrimonio. Comienzan entonces los preparativos del peculiar enlace: ¿Cómo debe ser el vestido de novia de una anciana? ¿Está bien que dos personas que se encuentran en el final de sus dias celebren una boda, que no es la primera para ninguno de los dos contrayentes, por todo lo alto? ¿Cómo se lo tomarán sus respectivas familias?

A pesar de la entrañable premisa de la que parte la historia y de que obviamente estamos ante una novela romántica (chick lit creo que le llaman a esto los entendidos), que nadie se espere la cursilería y la ñoñez propias del género porque se equivocará de medio a medio. La protagonista no lleva medio siglo marchitándose, como Penélope, mientras espera a que regrese el amor de su vida. No. Kate Salomon es una mujer independiente (no en vano ha sido ella la que ha rechazado a Forster hasta en tres ocasiones) que ha tenido una existencia más o menos plena y a la que la vida le tiene destinada una última sorpresa.

Además, la historia de amor entre Kate y Forster y los preparativos de su boda pasan a un segundo plano hacia la mitad del libro, cediéndole todo el protagonismo a un misterio literario en el que se verán envueltos los personajes más jóvenes de la novela y en el que está implicado el mismísimo Truman Capote (A sangre fría, Desayuno en Tiffany's). Y es que tampoco en eso estamos ante una novela romántica al uso, ya que lejos de centrarse en la pareja de novios, La boda de Kate es una novela coral en la que prácticamente todos los personajes que se nos presentan tienen un papel protagonista. Y siguiendo con los personajes, cabe destacar el proceso de construcción de los mismos, ya que la autora ha dotado a todos ellos de un pasado en el que ha cuidado hasta el más mínimo detalle.

Mención especial merece el espacio en el que transcurre la novela. En mi cabeza, Ribanova se aparecía como una pequeña ciudad de casitas bajas blancas bañadas por el mar y el sol mediterráneos. Y cuando quise conocer la ubicación exacta del que ya imaginaba como próximo destino de mis vacaciones, Google me reveló la siguiente sorpresa: Ribanova es el Macondo de García Márquez, un lugar salido de la imaginación de la escritora que toma prestados numerosos rincones de su Lugo natal.

La última de las sorpresas que me deparaba La boda de Kate está relacionada con su autora, a quien puse cara ya prácticamente terminando el libro y a la que me costó aceptar como responsable de semejante descubrimiento, ya que Marta Rivera de la Cruz es una habitual de las tertulias socio-políticas que se emiten en diferentes cadenas de televisión y sinceramente debo decir que no goza de mi simpatía más que por lo que dice (honestamente, ahora mismo no sabría si posicionarla a la derecha o a la izquierda) por cómo lo dice: Es su actitud ante las cámaras la que me rechina. Sin embargo, la escritora gallega es como esa ropa que en la percha no dice nada y una vez puesta gana enteros. A Marta Rivera de la Cruz hay que "probársela", y deberían ser sus novelas las que hablaran de ella más que su imagen pública o sus opiniones políticas. 

En definitiva, sobresaliente para esta novela amable que no ha dejado de sorprenderme, escrita con un estilo sencillo y sin artificios que hace que sus 400 páginas se lean en un suspiro.

jueves, 26 de febrero de 2015

Desde la noche y la niebla: Mujeres en las cárceles franquistas


"Compañera, sabemos que te han maltratado bárbaramente.
En nombre de todas te saludamos.
Mientras estés incomunicada, la misma compañera que te ha pasado este saludo 
seguirá en relación contigo. Dinos si necesitas sacar algún recado a la calle.
Haremos lo que esté a nuestro alcance por ayudarte.
Toda la prisión está llena. Resiste. Aqui también luchamos".

Dice Almudenas Grandes en el prólogo de Desde la noche y la niebla: Mujeres en las cárceles franquistas (Horas y horas. 2012) que cuando salió publicado por primera vez,  éste era un libro necesario. Hoy, casi 40 años después de su primera edición, y en parte gracias a las novelas de la Grandes y, anteriormente, a 'La voz dormida' de Dulce Chacón, quizá su lectura no sea tan necesaria para entender el horror de la realidad carcelaria del franquismo, pero sin duda se trata de un testimonio ineludible si lo que se pretende es conocer de primera mano la historia de una de aquel millón de presos políticos que llegaron a estar encerrados en cualquiera de las numerosas prisiones que brotaron como setas en la España de posguerra.

Desde la noche y la niebla, que ya desde su título hace referencia a la desaparición forzada de personas por parte del régimen nazi, es la historia de los últimos días de la contienda en un Madrid que nunca se rindió, sino que fue entregado a Franco por la Junta del General Casado; de la estampida de miles de republicanos hacia Alicante con la esperanza de ser rescatados por barcos de la Sociedad General de Naciones; de cómo sus ilusiones se rompieron en pedazos cuando el puerto de Alicante se convirtió en una ratonera en la que cientos de familias fueron separadas y no camino de la libertad precisamente; del hambre que les arañaba las tripas cuando les deportaron a los campos de concentración (porque sí, en España también los hubo); de las lamentables condiciones del viaje en tren que las trajo de regreso a Madrid para ser identificados y encarcelados; del hacinamiento de aquella masa despersonalizada de mujeres que pugnaban por una baldosa en las celdas, los patios y hasta las escaleras de la cárcel de Ventas en la que poder estirar sus maltrechos cuerpos; de la brutalidad de las torturas que sufrieron en los sótanos de Gobernación; de las humillaciones a las que las sometieron las monjas y funcionarias; de los juicios sumarísimos basados en pruebas falsas y con abogados defensores que ni siquiera conocían a sus defendidas, y de su dignidad ante los pelotones de fusilamiento frente a las tapias del cementerio del Este. 

Pero sobre todo es la historia de la red de solidaridad que se tejió entre las presas, compartiendo los raquíticos paquetes que sólo a costa de privarse ellos de comer podían hacerles llegar sus familiares desde el exterior, promoviendo huelgas de hambre para conseguir mejoras en las condiciones de los niños tiñosos que vivían en la galería de madres, o convirtiéndose en las manos de una condenada a muerte a la que un terror paralizante impide siquiera vestirse la noche en la que la van a meter en capilla.

Lo que no es este libro es una novela auto-biográfica, ya que de su autora toma distancia de su propia vivencia utilizando la tercera persona y desfigurando algunos hechos para no dar a conocer su identidad, ya que cuando la novela fue escrita, Juana Doña (Madrid, 1918- Barcelona, 2003) estaba de nuevo incorporada a la lucha clandestina. Así, por ejemplo en la novela no encontramos una sola referencia a la mediación de Eva Perón para conmutarle la pena de muerte por una condena de treinta años. Pero que nadie se piense que las trescientaypico páginas que conforman Desde la noche y la niebla son producto de la imaginación de la autora, ya que como ella misma la definió estamos ante una novela-testimonio: La Leonor del relato es en esencia Juana Doña (una jovencísima comunista madrileña cuyo marido, dirigente de las Juventudes Socialistas Unificadas, será fusilado en los primeros años de la posguerra, y cuya propia condena a muerte será conmutada por una condena de 30 años de los cuales cumplirá 18 en diferentes prisiones españolas) pero su voz es la de las miles de presas políticas con las que compartió encierro en Ventas, Segovia, Guadalajara o Alcalá de Henares.

No sé si es debido a la falta de oficio de la autora o que a fuerza de leer tanto sobre el mismo tema al final una acaba "insensibilizándose", pero lo cierto es que no he conseguido sentir como propio el sufrimiento de Leonor, sus desventuras no me han mantenido pegada al sofá ni he notado ese pellizco en el estómago fruto de la rabia ante la crudeza de los hechos relatados que sí he sentido al leer las novelas mencionadas más arriba.

Sin embargo, y pese a que la calidad literaria del texto pueda no satisfacer a los lectores más exigentes, voy a calificar con un notable a esta novela por su innegable valor histórico a la hora de dar testimonio de la brutal represión que sufrieron miles de mujeres, en muchos casos por el único delito de mantenerse leales a la legalidad democrática.